RUMBO ELECTORAL. Las pintas que asocian a Antauro Humala con Nayib Bukele, presidente de El Salvador, han aparecido en diferentes puntos de la capital a poco más de dos años de las elecciones generales de 2026. (Foto: Perú21)
RUMBO ELECTORAL. Las pintas que asocian a Antauro Humala con Nayib Bukele, presidente de El Salvador, han aparecido en diferentes puntos de la capital a poco más de dos años de las elecciones generales de 2026. (Foto: Perú21)

Tiene 18 meses en libertad. Salió de la cárcel por redención de pena en 2022, luego de cumplir 17 años y ocho meses de los 19 a los que fue sentenciado por el ‘Andahuaylazo’, esa rebelión burda y antidemocrática disfrazada de “gesta reivindicativa” que cobró la vida de cuatro policías en 2005. Desde que fue excarcelado, el autodenominado etnocacerista Antauro Humala ha venido recorriendo el país; mira a 2026 y no ha cambiado su discurso extremista y radical. En su mensaje sigue hablando de fusilar a los expresidentes —entre ellos su hermano Ollanta—, despotrica de las instituciones, reivindica el quebrantamiento de la ley, desafía el ordenamiento jurídico, pero —paradójicamente— dice también que su partido Alianza Nacional de los Trabajadores, Agricultores, Universitarios, Reservistas y Obreros (A.N.T.A.U.R.O) tiene entre sus fines “preservar la vigencia de los derechos humanos (…) y asegurar la vigencia, defensa y consolidación del sistema democrático pleno, real y del Estado de derecho”.

Sus antecedentes y su discurso violentista no han logrado calar en el extenso de la población, afortunadamente. A lo largo de estos meses ha visitado Huancayo, Iquitos, Cusco, Tumbes, Pucallpa y otras regiones donde no han faltado ciudadanos que lo confronten por su extremismo. Por eso, quizás, Antauro Humala pretende ahora colgarse del saco de Nayib Bukele y capitalizar la aceptación que ha generado en algunos sectores el autoritario presidente de El Salvador, que ha reprimido a las pandillas de su país con arrestos arbitrarios y un sistema carcelario calificado como violatorio de los derechos humanos. Y es que, aunque afirme que no es él sino sus simpatizantes los que le endilgan la etiqueta del ‘Bukele peruano’, Humala no ha perdido tiempo para obtener réditos y hablar de una “bukelización” del Perú, pero hasta ahí nomás, solo enunciados, porque medidas concretas no da.

EL FANTASMA DE BUKELE

Bukele concentra el poder en El Salvador.
Bukele concentra el poder en El Salvador.

Para el exministro del Interior Carlos Morán, “Humala está descalificado moralmente porque es un asesino de policías, tiene las manos manchadas de sangre. No tiene ninguna propuesta viable sobre cómo combatir la inseguridad ciudadana; solo se ha limitado a amenazar con fusilar a cualquier oponente político, expresidentes y autoridades, eso es inviable legalmente (…). Hay que entender que estamos en una sociedad donde se respeta el Estado de derecho, donde se respetan las libertades fundamentales y los derechos de las personas por más delincuentes que sean, así que eso de matar, de fusilar, está fuera de todo contexto”, declaró a Perú21. Añadió que, frente a estos enunciados radicales, es la ciudadanía, ante la inacción de los poderes Ejecutivo y Legislativo, la que debe tomar cartas en el asunto. “La solución la tenemos los propios peruanos. Si elegimos estas posturas antidemocráticas, es porque las asumimos como tal; es momento de que el ciudadano asuma la responsabilidad de su voto”, subrayó.

Carlos Basombrío, por su parte, advierte que esta suerte de ‘marca Bukele’ está tratando de ser capitalizada en todos los países de América Latina y añadió que, en el caso de Perú, esta situación se ve alimentada por “un gobierno que no da pie con bola” en la lucha contra la inseguridad ciudadana.

“Junto con la economía, ese tema es el más urgente para la población y creo que eso va a marcar las elecciones. Esta competencia por ser un Bukele nos puede llevar a una situación desastrosa para el país”, manifestó el exministro del Interior, y agregó que frente a ello lo que toca es que el gobierno trabaje para desarmar el sustento de la plataforma política de quienes pregonan la implementación de una política a lo Bukele en nuestro país. ¿Cómo? Pues fortaleciendo los equipos de Inteligencia e investigación criminal. “La población, ya en 2026, podría percibir que, por el camino sensato de hacer las cosas profesionalmente, no salvajemente, se puede llegar a resultados importantes y eso disminuiría significativamente la necesidad que tiene un sector de tener este tipo de respuesta. Así podríamos tener mejores resultados y alejar al fantasma de Bukele. Es una vergüenza que en nuestro país pueda postular a la Presidencia gente como Antauro Humala y otro tipo de delincuentes”, sentenció.

TOMANDO PREVISIONES

La respuesta estaría en el Parlamento, pero, estando en vísperas del inicio de la legislatura, el 1 de marzo, no se sabe si priorizará el debate de las reformas constitucionales que garantizarían elecciones generales con candidatos idóneos y no prontuariados con mensaje extremista. Una de ellas es la aprobada en la Comisión de Constitución en diciembre, que establece que los condenados por terrorismo, tráfico de drogas, violación sexual, homicidio, secuestro, entre otros delitos, no podrán postular ni ejercer cargos públicos. La iniciativa del congresista Alejandro Muñante, sin embargo, no tiene aún los 87 votos requeridos para su aprobación en primera votación en el Pleno. Muñante señaló que seguirá buscando el consenso. Mientras, ha solicitado al Jurado Nacional de Elecciones, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público que tomen acciones para declarar la ilegalidad del recientemente inscrito partido A.N.T.A.U.R.O., propuesta que ya ha sido anticipadamente desestimada por el titular del JNE, Jorge Luis Salas Arenas, contra quien el congresista Alejandro Cavero ha presentado una denuncia constitucional por permitir la inscripción de un partido “de carácter antidemocrático e inspiración violentista”. Para el congresista por Avanza País, la normativa legal vigente no deja lugar a interpretaciones, pues señala que las agrupaciones que participan en el sistema de partidos deben ser democráticas para impedir que se pretenda socavar ese mismo sistema desde dentro, “como pretende Humala”.

“La resolución del JNE dice que A.N.T.A.U.R.O., su ideología y su estatuto no tienen nada que ver con Humala, llegan a caer en lo absurdo y a tomarles el pelo a los peruanos porque, en la práctica, quien dirige la agrupación es él; está en todos los eventos y en ellos se reivindica su ideología extremista. Una organización de tendencia violentista y antidemocrática no puede competir en igualdad de condiciones con quien está dispuesto a usar las armas contra quien piensa diferente; la sociedad no puede permitir que este tipo de discursos tenga espacio en una democracia”, puntualizó.

Ollanta y Antauro lideraron el levantamiento de Locumba. (Foto: AP)
Ollanta y Antauro lideraron el levantamiento de Locumba. (Foto: AP)

Etnonacionalismo o cómo encubrir medidas racistas para imponer la anarquía

Históricamente, varias dictaduras se han erigido en el mundo bajo el cobertor de considerarse nacionalistas.

Todo en exceso consume, intoxica, obnubila. Es así como el nacionalismo, un sentimiento patriótico acorde a la valoración legítima y necesaria que debe tener todo ciudadano, se puede transformar en racismo y xenofobia. La confusión se agrava cuando buscas imponer tus ideales por la fuerza, rompiendo el orden democrático de un país azotado por las desventuras como el Perú. Antauro Humala, hartamente conocido en nuestro país por sus tropelías y tremebundas declaraciones, encarna la distorsión peruana del nacionalismo que tantas muertes ha traído en el mundo.

El etnocacerismo, o etnonacionalismo peruano, busca dinamitar el Estado desde adentro para imponer la anarquía. Exalta la “raza cobriza” —al fiel estilo de la Alemania nazi de Hitler, que concebía una supuesta “raza aria” superior a las demás— y, entre otras cosas, destaca al expresidente Juan Velasco Alvarado, militar y dictador que gobernó desde 1968 luego de asestar un golpe de Estado. En aquella época, Velasco tomó Palacio de Gobierno por la fuerza, sostuvo al Congreso, sometió a los partidos políticos y a medios de comunicación. Concebía el subdesarrollo como producto de la falta de oportunidades de la población históricamente relegada, una verdad de la que se aprovechan los malos gobernantes.

El nacionalismo no es una vertiente únicamente de izquierda, centro o derecha; es un movimiento cuyo fin se ha distorsionado, y causado una peligrosa aceptación en el mundo por la “mano dura” de quienes lo propugnan, revistiendo excesos y violaciones de derechos humanos.

Entre 2016 y 2022, un gobierno sangriento, de combate a las drogas pero muy popular, dejó miles de muertos en Filipinas, país insular al sudeste de Asia, con una retórica nacionalista de rechazo a la democracia liberal. Su presidente, Rodrigo Duterte, ordenó “matar, matar y matar” para reducir la inseguridad y dijo estar “feliz de masacrar” a los traficantes. Según grupos de derechos humanos, el régimen habría asesinato a 30 mil presuntos consumidores. Antauro está muy cerca de ese discurso.

En Sudamérica, recientemente Brasil también vivió un gobierno nacionalista con Jair Bolsonaro, militar en retiro ultraconservador. “Tenemos que dejar de ser un país de maricas”, dijo en noviembre de 2020 en relación a la gestión sobre el COVID-19. No dista mucho del “yo no conozco la palabra gay; la palabra correcta es maricón”, que declaró Antauro en 2022.

Los ejemplos van y vienen, desde los nacionalismos dictatoriales de Franco y Mussolini, hasta la actualidad de Antauro, que está listo para refundar al Perú con sus ideas extremistas. De nosotros depende.

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