“El nacionalismo perdió mucho tiempo en la lucha virulenta con la oposición", subraya. (Nancy Dueñas)
“El nacionalismo perdió mucho tiempo en la lucha virulenta con la oposición", subraya. (Nancy Dueñas)

En la segunda vuelta de la campaña presidencial de 2011, el escritor respaldó la candidatura del comandante Ollanta Humala y hasta enumeró las razones por las cuales debía triunfar en detrimento de Keiko Fujimori.

Ahora, pese a asegurar que no se ha equivocado con aquel apoyo, dice que el gobierno nacionalista ha sido mediocre y, por eso, en los comicios de 2016 le toca "la ley del silencio".

¿Cuál es su evaluación de estos cuatro años de gobierno del nacionalismo?Yo creo que hay dos juicios válidos que se pueden emitir: uno es que Humala respetó las reglas democráticas y no se convirtió en un Hugo Chávez peruano, y creo que eso sería justo que lo reconozcamos; el otro juicio es sobre la calidad del gobierno. Sobre eso tengo un juicio bastante crítico. Creo que hemos tenido un gobierno bastante mediocre que desaprovechó la oportunidad de hacer reformas importantes y que cometió muchos excesos.

¿Como los de la DINI?Evidentemente, los excesos que estamos viendo alrededor del sistema de inteligencia son uno de ellos. Además, creo que el gobierno perdió mucho tiempo en la lucha virulenta con la oposición en lugar de dedicar esa energía para lo que se debía hacer, que era preparar a la economía peruana, y al Perú en general, para lo que se venía, que era una desaceleración producto de la situación internacional. Entonces, por haber desperdiciado energía en la lucha virulenta con la oposición y en prácticas como las que estamos viendo alrededor de la DINI, hemos estado muchísimo menos preparados para afrontar lo que se vino.

¿Por qué es preocupante esta situación?Por dos razones: primero, porque creo que en el proceso electoral vamos a ver un resurgimiento del populismo, y, en segundo lugar, porque me temo que en los próximos años nos costará mucho más de lo que nos hubiese costado de otra forma recuperar la dinámica económica.

¿Cuál es el peligro?Es un peligro político. Cada año, en el Perú varios cientos de miles de jóvenes buscan insertarse en el mercado de trabajo. Si tú tienes una economía que crece 2% o 3%, en lugar de una economía de 7% u 8%, es imposible absorber esa mano de obra, y ese es un público que puede convertirse el día de mañana en capturable para el populismo. Hay una cadena de consecuencias de esa mediocridad del gobierno.

Entonces, ¿las acciones que tomó o dejó de tomar el gobierno contribuyeron a la desaceleración económica?Así es, creo que negar eso no sería justo. Eso no significa que con cualquier otro gobierno hubiéramos mantenido tasas de crecimiento de 8%. Ningún gobierno hubiera tenido esa cifra. En América Latina hoy eso no es posible. Pero sí hubiéramos podido tener tasas de crecimiento como la colombiana, que este año es muy superior a la peruana.

¿Por qué no tomaron las acciones correctas? ¿Hubo un mal asesoramiento?Creo que han tenido sus prioridades equivocadas. Sintieron que la economía andaba sola y que, de algún modo, eso ya le garantizaba un ritmo de crecimiento y, por tanto, unos ingresos fiscales para hacer lo que querían hacer.

¿Decidieron estar en piloto automático?Sí, en cierta forma, pero al mismo tiempo dedicaron una energía excesiva a la confrontación política. Había un cierto elemento de paranoia política y probablemente eso venía de atrás. Ellos habían suscitado una desconfianza grande en un sector del país. Entonces, probablemente sentían que esa gente podía conspirar contra ellos, pero esta manera de enfrentar las cosas al final hace que tus prioridades y tu energía las concentres en cosas secundarias, y eso a mí me parece que es una de las razones que justifican hablar de mediocridad.

La confrontación política llevó al presidente Ollanta Humala a decirle al fujimorismo que era un partido que "nació de la cloaca". ¿Esa frase le sorprendió?El nivel de confrontación ha sido de esa naturaleza no solo con el fujimorismo, sino con todo el mundo; ni siquiera solo con la oposición, sino también con gente del nacionalismo. Es decir, se han dicho contra disidentes del nacionalismo o contra la vicepresidenta (Marisol Espinoza) cosas similares a las que le dijeron al fujimorismo. Así que ha habido en general un cierto nivel de agresividad política, de intolerancia política, lo cual no quita que no lo haya habido en el aprismo y el fujimorismo en muchos momentos, pero eso cabe esperar.

Además, siempre un gobierno está más expuesto a las críticas que un partido.Sí, un gobierno siempre va a ser criticado por sus adversarios. Por ejemplo, siento que ha habido cierta intolerancia con la prensa en algunos momentos también, muchas personas hemos sido críticas de ese nivel de agresividad contra ciertos medios de comunicación. A nadie le gusta que lo critiquen y, además, tampoco es que sea ilegítimo que un presidente de vez en cuando critique a los medios, pero hay que tener mucho cuidado en un país como el Perú, que ha sufrido por estas cosas desde los años 60 hasta hoy.

Una de las reacciones del gobierno ante esta desconfianza a la que hace mención fue rastrear a través de la DINI. En el oficialismo han dicho que eso viene de mandatos pasados.No hay ninguna duda de que los gobiernos anteriores espiaron. De hecho, mi propia familia fue víctima a fines de los años 80, en el primer gobierno de Alan García, de un espionaje muy sistemático, pero a mí no me vale ese argumento para justificar lo actual. Es decir, ¿vamos a justificar diciendo que esa práctica es válida hoy porque ha sido recurrente en la historia reciente del Perú? No, esa no es la premisa. El compromiso era: vamos a limpiar las instituciones, vamos a impedir que estas prácticas prosperen, vamos a regenerar el sistema de Inteligencia… Para eso el presidente Humala llegó al poder y nombró inmediatamente a un capitán de su propia promoción a cargo de la DINI, es decir, de la más alta confianza. Entonces, a mí no me vale el argumento de que, porque los gobiernos anteriores espiaban, nosotros tenemos que ser tolerantes con el espionaje de hoy día. Así no vamos a desterrar nunca esta práctica.

Siendo el jefe de la DINI de la entera confianza del presidente Humala y de la premier, resulta incoherente que ellos no hayan estado enterados de los rastreos. ¿No le parece?Yo no creo que la premier haya tenido conocimiento de esto. Tengo la sensación de que había como un esquema de poder al margen del premierato y que, en cierta forma, hoy hay ahí una corriente autoritaria que lo que quiere es sacar del camino a la primera ministra y apoderarse del esquema, incluso apoderarse de la candidatura presidencial del nacionalismo. Por eso, yo no estoy de acuerdo con la oposición, que cree que la solución del problema es el voto de censura contra Ana Jara. Entiendo que es una medida constitucional, válida y democrática, no es ese el problema. El problema que veo es que hay una lucha de facciones ahí dentro; que si tú sacas a la primera ministra, vas a dejar un vacío que lo va a copar toda esta gente autoritaria y populista que está enquistada ahí y que ha estado manejando la DINI y otras instituciones. De pronto, sin la premier, les vas a dar un poder enorme en un proceso electoral que está ad portas. Cuidado que estén jugando con fuego en la oposición y les des a esta gente más poder del que debería.

¿Quiere decir que cree que, dentro del nacionalismo, hay personas que quieren desestabilizar a la premier?Sí, sin la menor duda, estoy seguro. Y creo que ella ha intentado, a pesar de que está en una posición débil, frenar esto en la DINI y en otros organismos y, evidentemente, no puede sola. Entonces, ¿qué puede estar ocurriendo? Que en Palacio de Gobierno estén dejando actuar a estos personajes, a estas distintas facciones, adoptando una actitud de neutralidad, como diciendo: diriman entre ustedes esta bronca y a ver qué pasa, porque a lo mejor me conviene que una de las facciones se haga fuerte… Pero no, el presidente es el primero que debe defender a su premier.

¿No lo está haciendo?Yo creo que está tomando una actitud pasiva, que está viendo a ver qué pasa. Está a la expectativa porque ellos piensan que hay la posibilidad de que, con la candidatura de este personaje, el general Urresti, puedan obtener más votos, pero es una tremenda irresponsabilidad. Este señor no solo no debería ser candidato presidencial de un gobierno democrático, sino que ni siquiera debió ser nunca ministro.

¿Es decir, el gobierno está tratando de bajarle la llanta al coche de Ana Jara para que pueda surgir la candidatura de Urresti?Muy probablemente. Está dicho de una manera muy cruda, pero algo de eso hay.

Sobre los rastreos de la DINI, salva a la premier, pero no me dice nada del presidente. ¿Él sí es responsable? ¿Cree que tenía conocimiento de estas prácticas?A mí me cuesta mucho pensar que el presidente no estaba informado porque, a ver, el presidente llega al gobierno, nombra a su gente, y además gente de confianza, capitanes de su promoción, o sea, no es gente a la que él llama por razones puramente profesionales, sino que lo hace porque quiere tener gente de confianza en el aparato de inteligencia. Luego, este es un presidente militar, que desde el comienzo demostró un interés especial en temas de seguridad, interior, defensa y ha intervenido muchísimo, tanto que le dejó a su mujer gran parte de los otros sectores del Estado para dedicarse a intervenir ahí. Por otro lado, él sabe que estas denuncias vienen desde hace ya varios años y, encima, hay que tomar en cuenta que no solo en el esquema jerárquico la DINI responde al presidente, sino que la práctica común es que la DINI haga informes cotidianos directamente al presidente de la República. Entonces, con todos estos ingredientes y elementos de juicio cuesta mucho trabajo pensar que el presidente no estaba informado.

Se rastreó a empresarios, periodistas, civiles. El último argumento que ensayó el nacionalismo es que quisieron dar protección.No. Esa es una payasada, una farsa que me suena al discurso de regímenes no democráticos de América Latina y uno preferiría que ni siquiera intenten vendernos esa mentira porque empobrece mucho la calidad del gobierno y la calidad de la democracia peruana.

¿La calidad del gobierno también disminuyó por los múltiples casos de corrupción durante este periodo? Incluso la primera dama, Nadine Heredia, afronta una investigación por lavado de activos.Yo no tengo elementos de juicio suficientes para hacer una afirmación sobre el caso de la primera dama. Me parece que lo ideal es investigar. Ahora, también sospecho que va a ser muy difícil que estas investigaciones ocurran bajo este gobierno. Probablemente ocurrirán en un futuro gobierno y espero que, si eso pasa, no sea con ajustes de cuentas ni con venganza ni con algunas cosas que se quisieron hacer en este gobierno contra opositores.

¿A qué opositores se refiere?En general, pero me gustaría que (la investigación a Heredia) se hiciera de una manera limpia, respetando los derechos de ella, pero que se lleve a cabo la investigación, porque en eso ya hubo una negligencia enorme. Si tú tienes una serie de personajes de dudosa moral que han tenido relación contigo –me refiero al nacionalismo– y los dejas pulular por el Estado, los dejas existir políticamente aquí y allá bajo tu gobierno, pues no te puedes sorprender de que esta gente te traiga problemas. Entonces, negligencia política sí ha habido, lo otro (responsabilidades) es difícil determinarlo, no tengo los elementos suficientes.

¿El accionar de Martín Belaunde Lossio cree que le traerá grandes problemas al nacionalismo cuando deje de ser gobierno?Hace daño en el sentido de que degrada mucho la palabra del gobierno. Es decir, transmite a la gente que hay más de lo que se dice. Entonces, eso alimenta el clima de sospecha en que vive la política peruana desde hace tantos años y, evidentemente, degrada el sistema democrático. El gobierno no actuó con la suficiente rapidez, contundencia, claridad. Creo que, si hubieran tenido más de agilidad política, habrían podido darse cuenta de todo y parar las consecuencias. Ahora es muy tarde. Hay una sensación generalizada de que se esconden cosas, de que van a llegar revelaciones traumáticas. Sean o no sean ciertas estas percepciones, el daño está hecho.

El asunto es que Belaunde fue muy cercano a la pareja presidencial.Por eso digo: fue un error del gobierno dejar estar ahí a él y a otros personajes. Los dejó tener relaciones políticas con parte del Estado, ahí está el error. Ese no es un error penal, es un error político enorme. Ahora, para las consecuencias legales debemos esperar a que termine la investigación.

¿En caso de que se compruebe que Belaunde cometió delitos, si el gobierno lo dejó actuar, entonces es cómplice?No puedo decir eso porque implicaría que el gobierno deliberadamente participó en los delitos de este señor, si es que ha cometido delito.

Si, según su percepción, ellos sabían y no dijeron nada, ¿qué significaría?A lo que voy es que ha habido una negligencia clarísima, flagrante, en permitir que estos personajes sigan teniendo una vigencia. Estuvieron cerca de toda esta gente en la Gran Transformación y luego, al hacer el viraje hacia la hoja de ruta, creíamos que habían cortado con ellos para siempre y no. Los dejaron tener todavía una cierta vigencia.

¿Fracasó la hoja de ruta?No, lo que ocurrió es que la hoja de ruta ha convivido con elementos de la Gran Transformación.

¿Cómo ve la posible candidatura de Daniel Urresti con el nacionalismo? Tiene gran popularidad…Tengo la esperanza de que dentro del nacionalismo haya una corriente que detenga eso y que presente una candidatura respetable y razonable. Puede ser la de la primera ministra o puede ser otra. La acumulación de denuncias, con esos antecedentes y con esa manera de actuar en el Ministerio del Interior, son suficientes para demostrarnos que hay un riesgo muy grande de que este señor se convierta mañana en una punta de lanza del autoritarismo en el Perú, que se supone es algo que ya habíamos desterrado. Es muy peligroso.

¿Ad portas del proceso electoral de 2016, cree que las candidaturas de Alan García y Alejandro Toledo tienen futuro?En el Perú yo no me atrevo a hacer ningún pronóstico ni a extender certificados de defunción política a nadie. Ahora, en el caso de Toledo me parece muy difícil que pueda llegar a segunda vuelta.

¿En el de García?En el caso de Alan García, creo que tiene más posibilidades, pero creo que no son tantas como él cree, porque siento que hay en el ambiente un desgaste muy fuerte. Como es él quien llevó el tren de pelea con el gobierno, luego de estos cuatro años me parece que el desgaste lo ha afectado más de la cuenta, y en eso no ha tenido la pericia política de entender que corría más riesgos de los que creía que corría. Todos sabemos que, una vez que él entra en campaña, es una persona muy hábil, que puede remontar, pero de todas maneras su situación es más difícil y adversa de lo que él cree.

¿Y cómo ve la postulación de Keiko Fujimori?A ver, yo creo que es casi imposible que no pase a segunda vuelta. La cuestión es quién pasa con ella. Evidentemente tiene un caudal de votos que es casi inamovible.

¿Y si pasa a segunda vuelta con Urresti, por quién se inclinaría? ¿Sería el cáncer y el sida nuevamente?Yo tengo esperanzas de que Urresti no sea el candidato, que el nacionalismo frene esa operación, y luego habrá que ver quién rivaliza con Keiko Fujimori.

¿Volverá a participar apoyando a un candidato en la segunda vuelta de 2016?Yo no participaré en la segunda vuelta. Creo que no lo debo hacer, ya lo hice intensamente la anterior vez y creo que pagué y pagaré por eso un precio importante que estoy perfectamente dispuesto a pagar. Pero esto implica para mí la ley del silencio en la campaña electoral. Voy a votar, obviamente, pero no voy a tomar partido y no creo que deba intervenir.

¿Se equivocó al apoyar a Ollanta Humala?No. Mientras no haya un golpe de Estado, mientras no interrumpa la democracia y mientras no cambie la naturaleza del sistema económico, no.


¿Votaría por el fujimorismo?Yo no votaría por el fujimorismo porque creo que todavía tienen que convencernos de que han aprendido la lección y yo no estoy seguro de que todos los que acompañan a Keiko Fujimori lo hayan hecho. Yo ya le reconozco méritos que muchos antifujimoristas no le reconocen: se quedó a pelear aquí, hubiera podido irse a vivir al extranjero, aguantó el chaparrón, ha hecho esfuerzos por mantener una forma democrática. Todo eso está claro, pero también está claro que un gobierno es un conjunto de personas y de voluntades, y que aquí hay todavía mucha gente que no ha aprendido la lección de los años 90.

FRASESOPINIÓN DEL CASO. "Chile cometió una tremenda deslealtad con el Perú y lo ampayaron. Hasta ahí es legítimo que lo denuncies y lo castigues y hasta que saques un aprovechamiento político, porque eso hacen todos los gobiernos".

RELACIONES EN RIESGO. "Lo que no pudieron entender es que llega un momento en que el aprovechamiento político, si se prolonga demasiado, puede poner en riesgo unas relaciones que tienen que ir por otro cauce. Felizmente, para ser justos, se dieron cuenta en un momento dado y dejaron que sean cauces más institucionales, la Cancillería sobre todo, los que manejen el proceso".

NO PARARÁ. "Lamentablemente, el espionaje entre países es el segundo oficio más antiguo del mundo. No va a parar y lo que hacen los países más democráticos y más desarrollados cuando ocurre esto es denunciarlo, lo castigan y luego siguen las relaciones con absoluta normalidad. Aquí hubo una inexperiencia política y, al principio, una desesperación por aprovechar la circunstancia".

Por: Ricardo Monzón Kcomt (rmonzon@peru21.com)