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Álvaro Vargas Llosa: "Hay gente decente en la Fiscalía y judicatura"

“Si el presidente se queda de brazos cruzados, está tolerando que un poder del Estado se convierta en un aliado de fuerzas oscuras”, dice.

LA OTRA LUCHA. Álvaro Vargas Llosa sostiene que frente al nivel de corrupción en el Congreso, las autoridades no pueden mantenerse en silencio. (César Campos)

Joaquín Rey
Joaquín Rey

Álvaro Vargas Llosa visita Lima por motivos literarios, pero en charla con Perú21 habla sobre la coyuntura política peruana que siempre es objeto de su interés y análisis. A partir de ahí alerta sobre la amenaza de los populismos de izquierda y derecha que se cierne sobre el país. También reflexiona sobre la decisión del expresidente Alan García de quitarse la vida.

Teniendo en cuenta las revelaciones de los últimos años, es claro que en las tres últimas décadas en el Perú no ha habido un solo gobierno que actúe de manera honesta. ¿Es posible tener un gobierno decente?
Claro que es posible. El día que llegues a la conclusión de que no es posible, renuncias a tu compromiso de ciudadano, abdicas y te vas a dedicar a convertirte en un anacoreta desligado del mundo circundante, eso no es admisible; lo es como opción personal, pero no lo es como país. Ahora, claramente hablamos de un monumental fracaso desde el punto de vista institucional. Los que hace veinte años estábamos en las calles luchando para tumbar una dictadura y reconstruir la democracia, hoy día no podemos sino ver con enorme frustración y congoja en lo que están convertidas nuestras instituciones; es la historia de un tremendo fracaso con matices. (…) El Perú no es enteramente un fracaso en el último cuarto de siglo, pero desde el punto de vista institucional, del Estado de derecho, sí, claro que es un fracaso…

Apoyó a los expresidentes Toledo, Humala y Kuczynski. ¿Lo volvería a hacer?
Sí y no. Si uno se coloca en esas circunstancias otra vez y tiene que elegir entre una opción que indiscutiblemente representa la perpetuación de todo aquello que se suponía veníamos a dejar atrás, y un gobierno que –con lo que ahora sabemos– nos da garantías de corrupción, de mediocridad, pero va a preservar la democracia, y las instituciones, mal que bien, van a permitir juzgar a esas personas por los delitos que cometan en el gobierno… Es verdad que estás escogiendo entre dos opciones muy deprimentes, pero una es menos deprimente que la otra, por eso digo, sí y no.

¿Cree que hoy los peruanos tenemos más aprecio por la democracia como idea que al final del gobierno de Alberto Fujimori en el 2000?
No estoy seguro. Creo que hay un enorme escepticismo frente a la democracia, (eso) no necesariamente significa que la gente estaría dispuesta a optar por una dictadura. (…) Sí creo que el riesgo mayor cuando hay un ambiente de desilusión democrática es el surgimiento del populismo; no hay que olvidarlo nunca. El populismo no es una enfermedad de la dictadura, es una enfermedad de la democracia. Luego muda en dictadura, pero es siempre una degeneración de la democracia.

Usted dijo una vez que el populismo es un fenómeno excesivamente democrático...
Así es. Si yo someto a la regla de la mayoría absolutamente todo, incluidos los derechos de la minoría, inevitablemente voy a vulnerarlos y, por tanto, ya no va a prevalecer en esa sociedad un Estado de derecho ni una igualdad ante la ley, lo que va a prevalecer es la ley del más fuerte porque la mayoría es la más fuerte y, sobre todo, de quien interpreta esa mayoría, que es todavía peor. El populismo es una manipulable y manipulada interpretación de la mayoría a través de un caudillo. Eso me asusta del Perú de hoy. La desilusión democrática, que es evidente, ha creado unas condiciones en las que no es inconcebible en absoluto.

Ha dicho que los resultados de los últimos veinte años no han sido del todo malos en el tema institucional. ¿Cree que el Perú tiene hoy una institucionalidad fuerte para juzgar y condenar a los corruptos?
Quien responda esa pregunta diciendo que eso está garantizado, creo que está dando una respuesta basada en la ilusión más que en la observación objetiva de la realidad. Esa batalla se está dando al interior de cada institución, es una situación inédita en la historia del Perú. (...) Vivimos un forcejeo, una pulseada, una lucha a brazo partido entre quienes quieren preservar las instituciones en el estado de podredumbre en el que están, en democracia, y quienes quieren regenerarlas desde adentro, y eso se vive en el Congreso, en la Fiscalía, en la judicatura. (…) Como observador es fascinante, como peruano es muy deprimente, pero significa que hay esperanza, que hay gente decente en esas instituciones luchando por la buena causa; hay que apoyarlos, hay que dar esa batalla, hay que ganarla.

En este proceso, ¿el Poder Judicial y la Fiscalía pueden haber cometido excesos, por ejemplo en el caso de las prisiones preventivas?
Sí, probablemente, pero porque la ley se los permite. Si la ley te permite una prisión preventiva de tres años, los fiscales van a ir lo lejos que puedan porque quieren obtener confesiones, ganar sus procesos judiciales, acumular pruebas suficientes para imputar y, una vez que van a juicio, poder ganarlos; están actuando dentro de la legalidad. (…) Una cárcel preventiva es algo que me parece un exceso, que se presta a un abuso, pero para eso, entonces, hay que cambiar los códigos legales, que son los que permiten hacer eso. Ahora, en ningún caso el hecho de que existan esos excesos desmerece la batalla que están dando en una tremenda adversidad de condiciones dentro de sus propias instituciones. Aquí no estamos frente a fiscales que tienen que defenderse del acoso del Congreso, sino de fiscales que se defienden del acoso de otros fiscales.

¿Y cómo evalúa el rol del presidente Vizcarra? Hay quienes sostienen que puede haber llegado a entrometerse con la administración de justicia en el Perú.
Siempre se puede acusar a un líder político, que quiere encabezar un gran movimiento de opinión pública en favor de la lucha anticorrupción, de invadir fueros que no son los suyos. ¿Cuál es la alternativa? ¿Que el presidente se quede de brazos cruzados y no haga absolutamente nada? Yo no creo que el presidente haya hecho nada que remotamente pueda ser considerado violación de la legalidad democrática. Puedes estar de acuerdo o no con su tono, con sus tomas de posición, pero a un presidente hay que exigirle que respete la legalidad. ¿Vizcarra ha desbordado el marco de la legalidad? No. Creo que sería una enorme injusticia acusarlo de eso. Borges decía: “Las personas se encuentran con su destino”. Vizcarra se encontró con su destino, (…) las circunstancias despiertan en él la intuición de que está llamado a ponerse a la cabeza de una movilización ciudadana. ¿Cómo diablos se le puede reprochar eso? Si no hace eso un presidente, está contribuyendo al hundimiento del crédito de las instituciones y, por tanto, a incubar un fenómeno antidemocrático –más temprano que tarde– de tipo populista. Él tenía que hacer eso y lo hizo, y hay que aplaudir que lo hiciera. (...) ¿A cuánta gente corrupta, delictuosa ha protegido este Congreso? Muchísimas, son innumerables. Frente a eso, ¿un presidente, en nombre de la separación de poderes, debe mantener silencio cómplice? No. Creo que se puede ejercer un liderazgo sin violar la legalidad.

Aun en el entendido de que el presidente no está entrometiéndose con la justicia, ¿cree que los jueces sí pueden estar actuando por presión popular? Se habla de una justicia plebiscitaria.
Eso ocurre en todas partes, es un problema que tiene que ver con la democracia, con el hecho de que es una sociedad donde hay una opinión pública que tiene canales de expresión, uno de ellos son los medios de comunicación, pero no es el único, y hoy, el mundo de las redes sociales también es un elemento de presión. Hay un país que presiona a los jueces desde el punto de vista de la opinión pública para que metan presos a los corruptos, pero también hay corruptos que presionan a los jueces para que los saquen de la cárcel o no los metan a ella. La presión de la opinión pública se da de ambos lados y eso siempre ha sido así, por eso hay que luchar para fortalecer a esas instituciones. (…) Yo creo que en una democracia y en un país libre todo se discute, incluidos esos temas militares. ¿Cómo diablos no vamos a discutir los temas judiciales?

Alan García se suicidó minutos después de saber que iban a detenerlo. Sus seguidores argumentan que fue un acto de valentía, otros creen que fue un acto de cobardía no enfrentarse a la justicia, ¿cómo lo ve usted?
Yo no quiero sumarme a quienes hablan de cobardía. Yo tengo mucho respeto por la figura del suicidio, creo que es un acto de profundo individualismo. Yo creo en el derecho de una persona a quitarse la vida, creo que es algo frente a lo cual hay que mantener una actitud de respetuoso silencio, por lo menos es lo que yo hago, de modo que yo no juzgo ese acto. Yo juzgo sus actos de gobierno, doy una opinión sobre lo que creo que fue su segundo gobierno, un gobierno donde imperó un alto grado de corrupción de gente muy cercana a él, así que muy probablemente, cuando la información termine de salir a la luz, llegaremos a la conclusión de que él (García) no era ajeno a esa corrupción; pero el acto mismo del suicidio es un acto frente al cual expreso una respetuosa distancia.

Habla del riesgo del populismo en el futuro cercano del Perú. ¿Ve más probable que sea un populismo de derecha o de izquierda?
Existen los dos populismos en el Perú. Acabo de estar en Arequipa, ahí hay un populismo de izquierda significativo; (…) en Moquegua empieza a haber un movimiento de cuestionamiento antiminero. (...) Ahora, hay un populismo de derecha en el Perú evidente. El fujimorismo de los años 90 fue un populismo de derecha. La organización está medio moribunda, sus principales líderes, o los más caracterizados, están muy deslegitimados, pero la sociología detrás de eso no ha desaparecido, está ahí, se manifiesta en temas que tienen que ver con el profundo rechazo a manifestaciones de diversidad individual frente a las cuales expresan actitudes de franco fascismo. (…) Hay una minoría populista de derechas en el Perú que quiere imponerle a la gente con quién puede y no puede casarse, qué hijos puede y no puede tener, qué manifestaciones puede o no puede ejercer, qué educación sexual puede o no puede tener; así como hay un populismo de izquierda, que abomina de la propiedad privada y de la empresa privada y nos quiere retrotraer a las cavernas del estatismo; esa es una doble amenaza que enfrenta el Perú. Para un liberal, esto es un desafío especialmente importante.

A dos años de llegar al bicentenario como república, ¿qué razones tenemos para ser optimistas?
Yo diría que hay varias. El Perú tiene una clase media emergente que para muchos de nosotros es lo mejor que ha pasado en el Perú del último cuarto de siglo. (…) Este es un país donde, cuando se abre un poquito la economía, el espacio para la creatividad en todos los campos, ¿qué cosa hay? Una manifestación caudalosa de ingenio, creatividad y progreso. Esas son las razones que tengo para pensar que el Perú de los próximos años es un Perú que puede llegar a ser admirable. Ahora, si no resolvemos el problema político e institucional, evidentemente todo eso estará muy limitado.

TENGA EN CUENTA

- Álvaro Vargas Llosa es investigador asociado del Centro para la Prosperidad Global, columnista sindicado del Washington Post y autor de diez libros.

- Ha sido miembro del directorio del Miami Herald Publishing Company, corresponsal del diario ABC en Londres y colaborador del Wall Street Journal, Los Angeles Times, BBC World Service y Time Magazine.

- Sus artículos se publican en 20 países y da conferencias en América Latina, Europa y EE.UU. Su padre es el laureado Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

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