Temieron lo peor. Sanos y a salvos fueron rescatados diez trabajadores de una empresa maderera mexicana que estuvieron secuestrados seis días por la comunidad nativa Palma Real en .

Estos últimos privaron de la libertad a los obreros debido a un supuesto maltrato que recibió un nativo al que denigraron y le quitaron el arma con el que cazaba y habrían vaciado la gasolina de su lancha.

El plagio ocurrió el pasado 5 de febrero a las 12:00 p.m. en el puesto de control de Servicios Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), ubicado en el kilómetro 15 del río Madre de Dios. Una turba de nativos -que portaban flechas, machetes y rifles- sorprendió a los trabajadores de la empresa LOMBOK S.A.C. (concesionaria de productos forestales madera y castaña).

El secuestro fue denunciando ante la XV Macro Región Policial Madre de Dios por el mexicano Jenjil Larrazabal Arana (29), representante de la referida empresa, que señaló que los agraviados habían sido llevados a la comunidad nativa en botes, según informó el coronel Manuel Azpilcueta, jefe iterino de la Macro Región Policial Madre de Dios.

El oficial señaló que apenas se recibió la denuncia inmediatamente se conformó equipos especiales de las diferentes unidades especializadas de la Policía para rescatar a los obreros. También se solicitó apoyo a la Marina de Guerra del Perú y un negociador. El operativo estuvo al mando del capitán PNP Debby Silva.

Así, a bordo de dos embarcaciones -después de surcar el río durante cuatro horas- los agentes llegaron la tarde del lunes a la comunidad nativa. Ahí el oficial sostuvo un diálogo con el presidente de esta zona, César Yojaje Erinel, y este le hizo saber sus reclamos hacía los trabajadores de la empresa. Le dijo que días antes los trabajadores trataron mal a los nativos hasta denigrarlos y que en represalia los retuvieron.

El oficial, tras una larga conversación, consiguió convencer al presidente de la comunidad nativa y así liberaron a los 10 trabajadores. Así también, un representante de la empresa habría sido obligado a pedir perdón de rodillas a los comuneros para así lograr la liberación de las víctimas.