Uno de los casos más tenebrosos y macabros de se dio a mediados del año 1990, y fue tristemente protagonizado por Marita Alpaca y el banquero Leandro Reaño Cabrejos. El tuvo un gran impacto mediático, dejando en segundo plano la elección de como presidente de nuestro país.

La madrugada del 19 de agosto de 1990, huéspedes y trabajadores del famoso hotel Sheraton se toparon con una terrible escena: El cuerpo desnudo de una mujer yacía al borde de la piscina en la terraza exterior del edificio.

En un principio, se identificó al cadáver como Fernanda del Águila Ruiz, una de las empleadas del hotel de 37 años. Sin embargo, fue la madre de Marita quien la reconocería al día siguiente tras ver su fotografía en los periódicos de la época.

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Marita Alpaca Raa tenía 33 años, y los indicios sobre su terrible muerte iniciaban con un presunto suicidio, sin embargo, al llevar más a fondo la investigación se descubrió la verdad: Marita no había cometido suicidio, la habían arrojado desde el piso 19.

El inicio del fin

Leandro Reaño era gerente en el Banco de Comercio, heredero de varios negocios derivados de la actividad minera. El hombre de 41 años había conocido a Marita Alpaca por mera casualidad, cuando ambos casi chocaron sus vehículos.

Marita Alpaca se convirtió en pareja de Reaño con el tiempo, vivían juntos y todo parecía ir de maravilla. Sin embargo, Marita, quien se desempeñaba como azafata y estudiaba idiomas quería llevar la relación al siguiente nivel, quería tener un hijo, algo a lo cual el banquero se negaba.

La madre de Marita contaría que Reaño la había obligado a abortar en dos ocasiones.

La noche fatal

La noche previa al asesinato de Marita, Reaño la llevó al Sheraton, donde cenaron y pasaron un momento agradable, instalándose en una habitación del piso 19.

En algún momento de la madrugada, discutieron fuertemente por alguna razón. Él la golpeó y terminó lanzándola por la ventana. El banquero, haciendo uso de su poder e influencia, escapó a Brasil y pagó 200 mil dólares a agentes de la policía para salir libre de culpa.

Estos malos policías alteraron expedientes, borrando huellas de Reaño en la escena del crimen, iniciando incluso una campaña de desprestigio en contra de Marita, sindicando que era una prostituta de élite.

Cuando la madre de Marita fue a la morgue a recuperar el cuerpo de su hija, alguien ya había pagado más de 3 mil dólares por un lujoso entierro en el cuartel Natalia del Cementerio del Callao.

Reaño, el principal sospechoso, ya se encontraba en Río de Janeiro, bajo la protección de malos agentes de la policía, esperando a que la situación se calme, al menos para él, pues casi no había otro tema de discusión en el país.

El caso fue impactante y la prensa siguió de cerca cada descubrimiento.
El caso fue impactante y la prensa siguió de cerca cada descubrimiento.

“¿Dónde está el útero de Marita?”

La madre de Marita no se detuvo ni se calló un solo momento, denunció que su hija estaba embarazada cuando falleció y el caso parecía tener más pistas. Reaño regresó al país y fue detenido, negando que él la hubiese hecho abortar.

Al exhumar el cadáver, la Policía indicó que en el útero de la joven no había rastros de aborto, sin embargo, la madre pudo comprobar que ese órgano no era de su hija, en uno de los episodios más impactantes de esta historia.

En aquellos años, en el diario ‘Extra’ se podía leer el titular a modo de pregunta “¿Dónde está el útero de Marita?”.

En 1995, Reaño fue condenado a 7 años de prisión por el homicidio de Marita, además del pago de una reparación a Corina Raa, madre de Marita, de 200 mil soles. Sin embargo, salió en libertad en 1998 y solo llegó a pagar 120 mil soles.

Pese a que se especuló la muerte de Reaño a causa de un cáncer terminal por mucho tiempo, en 2012 un programa de televisión lo sorprendió en las calles de Miraflores. Se negó a hablar ante la prensa, sin mostrar signo alguno de arrepentimiento.

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