CIUDAD FANTASMA.  Lima luce irreconocible, casi sin personas ni tráfico. Los indicadores ambientales señalan que la calidad del aire ha mejorado notablemente. (Foto: Daniel Apuy/GEC)
CIUDAD FANTASMA. Lima luce irreconocible, casi sin personas ni tráfico. Los indicadores ambientales señalan que la calidad del aire ha mejorado notablemente. (Foto: Daniel Apuy/GEC)

26 de febrero. En un vuelo de Iberia procedente de Madrid, regresó a Lima de sus vacaciones un joven piloto de 25 años, que once días después fue confirmado como el primer caso de en el Perú. Hoy se le conoce como el paciente cero.

En un mensaje a la Nación, el presidente Martín Vizcarra dio la noticia y dijo que el gobierno había desplegado un plan para contener el virus que, de hecho, ya se estaba esparciendo.

La OMS calificó el brote como una pandemia el miércoles 11 de marzo. El rumor de una cuarentena en el Perú empezó a extenderse y creció el pánico en la ciudadanía por quedar encerrados y desabastecidos en casa. Miles de compradores llenaron mercados y supermercados, y vaciaron los estantes de papel higiénico y alcohol en gel. Un fenómeno global. Para otros, la vida continuó sin novedad. El gobierno prohibió los eventos masivos, pero algunas discotecas seguían funcionando y los veraneantes aún iban a la playa.

De golpe, todo cambió. El 15 de marzo se anunció el estado de emergencia y una cuarentena a nivel nacional. La medida se endureció tres días después con un toque de queda de 8 p.m. a 5 a.m. Para entonces, ya se habían detectado 155 casos de coronavirus en el país y se extendía a todos los departamentos. El 19 de marzo se confirmaron los tres primeros muertos. Hoy ya son 181 fallecidos y 6,848 infectados, según las cifras oficiales, aunque el gobierno admite que hay casos que aún no se han detectado.

DISTANCIA QUE NO SEPARA

“Todo análisis debe partir de que esta cuarentena global es una situación inédita”, dice Carlos Basombrío, exministro del Interior.

“Hace dos meses, la posibilidad de tener una estrategia fina para este escenario era cero. Estoy de acuerdo con las medidas rápidas y drásticas que hemos tomado. Creo que es una tarea que nadie le envidia al presidente Vizcarra”.

Desde que comenzó el estado de emergencia, el mandatario se ha convertido en todo un personaje televisivo. Su conferencia diaria es un programa de gran audiencia y todas las transmisiones por Facebook Live sobrepasan las 600 mil reproducciones.

Pese a las críticas por no permitir repreguntas o por ofrecer en algunos casos respuestas ambiguas a cuestionamientos concretos, es de los presidentes latinoamericanos que mejor viene manejando la comunicación con la ciudadanía. En una reciente encuesta de Ipsos, su popularidad alcanzó el 87%, uno de los porcentajes más altos que ha tenido un mandatario peruano en la historia.

Las palmas, sin embargo, las comparte merecidamente con otros. Muchas ciudades del país se han sumado a la tendencia mundial de aplaudir cada noche desde las ventanas a labor del personal médico y de la Policía por su trabajo en la llamada “primera línea de combate” contra el COVID-19.

El despliegue de fuerzas aún es desigual para cubrir eficientemente todo el territorio y cada situación. Y quizás hasta ineficaz en algunos casos, pues ha orientado la energía a acciones que no siempre van al centro del problema real: la aglomeración. En el último mes se han viralizado videos efectistas de grandes operativos policiales para arrestar a personas que incumplían el aislamiento, como al hombre que cruzó una avenida para botar su basura, a otros que paseaba a su perro o a aquellos que fueron detenidos cuando estaban solos en la playa.

Al cumplirse la cuarta semana de cuarentena, ese control ha mostrado serios resquicios. El jueves 2 de abril, el presidente Vizcarra anunció la controvertida circulación interdiaria y por género, y el toque de queda total los domingos. Esto ocasionó que el sábado previo, los centros de abastos del país se desbordaran. Miles de personas salieron sin control y sin respetar la mínima distancia. Las autoridades no hicieron mucho por contener el caos. Ayer, luego de dos días de restricción total durante Jueves y Viernes Santo, ocurrió lo mismo.

“No es fácil controlar tanta gente. En esta situación, la Policía no trata con delincuentes, sino con los ciudadanos que justamente debe proteger, que solo intentan comprar y vender productos por miedo a quedarse sin nada”, explica Basombrío.

El último jueves, el presidente retrocedió dejando sin efecto las salidas por género y aunque mantuvo los domingos con inamovilidad total obligatoria, advirtió que solo se tolerará que salga una persona por hogar para hacer la compra.

CARRERA CONTRA EL TIEMPO

El viernes, el mundo pasó la barrera de los 100 mil fallecidos por coronavirus. Ecuador y Perú fueron los primeros países de la región en prohibir las aglomeraciones, decretar el aislamiento social y poner en cuarentena a quienes llegaron del extranjero. Nuestras cifras no son peores porque se aplicaron medidas extremas con celeridad.

El manejo gubernamental es apoyado por la población, aunque eventualmente soporta episodios de desorganización, como el registrado el día en que falleció un paciente solo en su casa de Miraflores y sin diagnóstico, a pesar de haber reportado su estado de salud. Ese fue el momento en el que se produjo la primera víctima política.

Apenas cinco días después de declararse el estado de emergencia, la ministra de Salud, Elizabeth Hinostroza, fue reemplazada por el médico Víctor Zamora. La medida, según explicó el propio presidente Vizcarra, estuvo dirigida a lograr un trabajo más articulado entre todas las partes de un sistema sanitario fragmentado.

A este problema se suma la falta de equipamiento. El Perú comenzó a enfrentar la pandemia con cerca de 500 ventiladores artificiales a nivel nacional, equipos que aseguran oxígeno a pulmones con insuficiencia respiratoria, uno de los síntomas del coronavirus. Más de cien ya están en uso y se estima que pronto no habrá suficientes para atender a los pacientes graves.

El último jueves, Pilar Mazzetti, líder del Comando COVID y ex ministra de Salud, admitió que hay un lote de respiradores que se compró en marzo y que recién llegará en mayo. También reconoció que hay equipamiento médico varado en China por el cierre de fronteras y otros lotes que han sido confiscados por países a donde llegaron haciendo escala y donde también son requeridos. Pese a que el peligro del coronavirus acechaba desde enero, no en todos los casos se actuó a tiempo.

“Una lección de esta pandemia es que necesitamos mecanismos de compras para emergencias. El Estado tiene candados para evitar la corrupción que demoran las adquisiciones y debemos afinar eso. La llegada de los ventiladores va a demorar. Es hora de impulsar a instituciones locales que ya están produciendo estos respiradores, como universidades y las Fuerzas Armadas”, explica Patricia García, exministra de Salud. “Valoremos la inversión en ciencia y tecnología que no ha sido una preocupación”, añade.

De momento, en una batalla contra el tiempo para detectar la mayor cantidad de casos posibles, en el Perú se han realizado 56 mil pruebas rápidas de detección a nivel nacional, de las cuales 36 mil se hicieron entre el martes y el viernes últimos. El presidente ha dicho que la meta es lograr 12 mil por día, con el lote de 1.4 millones que se adquirió finalmente.

Tras el escándalo que sacudió al gobierno español, por comprar pruebas rápidas poco efectivas a una empresa china sin certificación, comenzó una ola de críticas por las compras realizadas por el Estado peruano. Cuando se confirmó que el lote adquirido por el gobierno era legítimo y funcional, se apuntó que su uso era aún insuficiente y que en Corea del Sur se había controlado la expansión del virus con pruebas masivas puerta por puerta.

“Pocos recuerdan que Corea del Sur ha pasado dos pandemias recientes: la del SARS y la del MERS. Tienen ya respuestas sistematizadas. Nosotros debemos aprender aún, pero hemos actuado rápido. El Perú ha puesto la salud delante de la economía. El dinero se puede recuperar; la vida humana no", dice García.

LA ECONOMÍA EN CRISIS

Al igual que en los mercados de abastos, hay temor y nerviosismo sobre la economía peruana que decae día a día por el coronavirus, luego de dos décadas de envidiable salud. El paro laboral es general en el mundo. Trabajadores independientes gastan sus últimos ahorros para sobrevivir, mientras las grandes empresas piden ayuda para evitar despidos masivos.

“El MEF ha dado alivio tributario a las empresas y es lo correcto, pero cada sector es diferente. No puedo pensar que las medidas impactarán igual a la agricultura que al turismo. Hay que pensar en medidas específicas por sector y priorizar. Hay dos pilares que se deben atender con urgencia. Primero, hacer llegar el dinero de manera efectiva a los más vulnerables. Segundo, que llegue a las pequeñas y medianas empresas que no acuden a los bancos. Si no se atienden esos dos aspectos, se puede venir abajo el gran esfuerzo que venimos haciendo”, opina el economista Carlos Parodi.

El 16 de marzo, el gobierno anunció un bono de S/380 soles para los más pobres, cifra que duplicó a la par que extendió el confinamiento “Las medidas económicas del gobierno han sido útiles, pero hay que subsanar rápido los errores”, dice el especialista.

Diez días después, se anunció el mayor plan para salvar la economía aplicado en la historia del país, pero aún no termina de hacerse efectivo y no resulta suficiente porque las angustias en los sectores productivos no son iguales.

El primer paquete incluye principalmente apoyo a las familias, como la suspensión de aportes a las AFP, reprogramación de deudas, créditos, subsidios para pagar planillas, entre otras medidas.

“El dinero está, pero solo el 50% de los sectores productivos están vinculados a la banca. Hay un 50% que no, que son 6 millones de personas. Se están usando fórmulas convencionales para una situación no convencional. Tal vez hay que recurrir a canales informales, como microfinancieras”, dice el especialista.

Según calcula la ministra de Economía, María Antonieta Alva, el gobierno desembolsará 90 mil millones de soles, un equivalente al 12% del PBI anual del país.

“Hay otros problemas de fondo. Pienso en el dueño de una cebichería. ¿Para qué va a pedir un préstamo si no tiene clientes? Y no tiene certeza de cuándo funcionará de nuevo. Multiplica ese caso por millones de medianas y pequeñas empresas”, explica Parodi al referirse a las garantías financieras por 30 mil millones de soles.

En un mundo que hace solo dos meses era frenético, hiperconectado y donde el tiempo era sinónimo de dinero, el nuevo mantra es “ten paciencia”. Si no se cumple la cuarentena, aumentarán los casos de contagios y muerte. Si eso ocurre, se endurecerán las restricciones y la economía demorará aún más en reactivarse.

La falta de dinero y (en especial) de salud son dos azotes que en poco tiempo han puesto al mundo de rodillas. Como lo advirtieron a lo largo de la historia científicos, poetas y visionarios, el futuro de nuestra especie está en manos de cada ser humano. Y de las autoridades, que deben aplicar medidas certeras y equilibradas.