(Foto: Leandro Britto/GEC)
(Foto: Leandro Britto/GEC)

Al principio de los tiempos, las desgracias nos angustiaban. Los dioses no podían ser tan malos para castigarnos. Si ocurrían, nos habíamos equivocado en algo, solo que no sabíamos bien en qué ni por qué. Así nació la culpa. Luego, con las culturas, nacieron las religiones y sus mandamientos. Con ellas la culpa fue más sutil, era por haber hecho algo malo. Así nació el pecado. Para remediarlo, las religiones pedían sacrificios y humildad: confieso que he pecado, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Después la ciencia explicó las cosas. La desgracia ya no era el terremoto, sino haber construido mal las casas que se cayeron; ya no eran las inundaciones, sino haber levantado defensas frágiles; ya no eran las plagas, sino haber fumigado tarde y mal. Pero no vimos nuestra responsabilidad, sino la de los otros. Nos libramos de culpa, se la pasamos a los políticos.

En estos días, la política distrae. Andan empatados: en un lado Perú Libre de Vladimir Cerrón y en el otro el Partido Magisterial en formación del presidente Pedro Castillo. Nadie logra que algún ministro del otro grupo renuncie; aunque sobran las razones, les falta un mínimo de dignidad. No se van porque hay que retener poder como sea. El tercer actor, Juntos por el Perú de Verónika Mendoza, es un invitado que no logra arbitrar. Estamos en un suicidio a plazos por falta de gobierno. El riesgo es adaptarnos y desear que fracasen para que se vayan renunciados, censurados o vacados, lo que la Constitución permita.

Mientras tanto, a Cerrón no le apura gobernar, sino fortalecer su partido, como lo hizo su tocayo Lenin en la revolución rusa. Una prisión preventiva por sus fechorías no se lo va a impedir. El Partido Magisterial no nacerá a tiempo y Juntos por el Perú se está deteriorando. En el horizonte no hay otro partido de izquierda que le haga sombra. Perú Libre será la Única Izquierda. Los demás, de centro o de derecha, le estamos dejando la cancha libre. Ahora preocupa la inflación que renace, el dólar que sube, el PBI que baja, el empleo que no crece. Pero deberían preocuparnos las elecciones regionales del próximo año. Más de la mitad del presupuesto va para las regiones y solo desde ellas se pueden resolver los problemas directos de la gente. Si perdemos esas elecciones, el desbarajuste que estamos viviendo ocupará todo el país. Entonces la desgracia no será el poder que incremente Cerrón, sino habrá sido nuestra pasividad. La culpa no será de los otros. Como al principio, será nuestra. Solo que esta vez sí sabremos por qué.