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Los votos latinoamericanos

Lenín Moreno

Lenín Moreno impulsó referendo que lo enfrentó con Rafael Correa. (USI)

Los votos latinoamericanos. (USI)

Jeffrey Radzinsky
Jeffrey Radzinsky

El pasado domingo se realizaron elecciones en Ecuador y Costa Rica. El referéndum en nuestro vecino del norte, así como las presidenciales y parlamentarias en la democrática Costa Rica iniciaron un intenso calendario electoral de nueve meses en América Latina, que incluirá procesos diversos, así como votaciones que dicen muy poco, por el marco de dictadura, como las programadas en Cuba para el 11 de marzo y 19 de abril.

En Ecuador, el referéndum marcó un triunfo político del actual presidente, Lenín Moreno, frente a sus opositores y particularmente frente a su antecesor, Rafael Correa. Entre los siete asuntos sometidos a consulta popular, destaca el mayoritario rechazo a la reelección presidencial indefinida, limitando la opción a dos mandatos gubernamentales e impidiendo un eventual regreso al poder de Correa.

El crecimiento económico en la década de Correa (2007-2017) contrastó con el discurso populista y garantías democráticas vulneradas, sumadas a escándalos por corrupción. En la izquierda ecuatoriana se habla de “morenismo contra correísmo”.

Por su parte, Costa Rica –lidera junto a Uruguay rankings de calidad de democracia en América Latina del siglo XXI– tendrá segunda vuelta (ningún candidato logró el 40% requerido para ganar en primera vuelta, según su legislación). Los ticos votaron por el ultraconservador Fabricio Alvarado (25%) (su partido PRN pasará de 1 a 14 parlamentarios), seguido por el oficialista de centro-izquierda Carlos Alvarado (22%), quienes disputarán la presidencia. Los partidos tradicionales, PLN y PUSC, que representaron un bipartidismo por décadas, ocuparon el tercer y cuarto lugar, entre 13 candidatos.

Ojalá los radicalismos y discriminación presentes en la campaña electoral de Costa Rica no pongan en riesgo el notable avance en una de las sociedades más desarrolladas de la región.

Celebremos las elecciones abiertas y competitivas. Finalmente, elegir es la esencia de la libertad y requisito fundamental –aunque insuficiente– para la democracia.

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