(Foto: Congreso)
(Foto: Congreso)

Inaudito. Las universidades bamba terminaron echando del gobierno a un premier y a su recién formado gabinete. Pero las cosas hay que decirlas claramente: ayer quedó demostrado que, además –o por encima– de bancadas de partidos políticos, lo que tenemos son representaciones parlamentarias de universidades o de, más precisamente todavía, lobbies que defienden el pingüe negocio de la educación superior sin ningún escrúpulo de calidad o decencia académica.

Porque estos señores se han hecho elegir solo para defender el vil derecho, adquirido durante la dictadura fujimorista, de seguir estafando a miles de jóvenes peruanos que buscan estudiar para salir de la pobreza, ofreciéndoles “cartones” que a la abrumadora mayoría no le sirven para nada. Ellos, con sus votos, fueron determinantes para que se denegara la confianza al gabinete, sin que este siquiera haya comenzado a trabajar.

No se tomaron la molestia de atender a los planes, proyectos y estrategias trazadas por el nuevo liderazgo ministerial para reforzar la defensa sanitaria y reactivar la economía del país. No les interesó. Como les interesa un comino –con perdón de los cominos– cualquier mejora de la educación universitaria en territorio nacional. Lo que a estos parlamentarios les inflamaba el ojo de sangre era la permanencia, al frente del Ministerio de Educación, de Martín Benavides, un experimentado profesional que mientras fue director de la Sunedu, negó el licenciamiento a una serie de instituciones seudoeducativas, logrando así avances medulares en una reforma universitaria impostergable. La mafia de las universidades bamba, fiel a un libreto (“tumbarse a la Sunedu”) puesto en grosera evidencia durante las oscuras negociaciones del final de la legislatura pasada, condicionó sus votos a la salida inmediata de Benavides.

Ante tamaño desprecio por el país y nula consideración por la pavorosa crisis en que el COVID-19 lo ha sumido, el Congreso del República añade más crisis a la crisis y vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de una reforma política que nos libre a los peruanos de una vez por todas de representaciones que hacen uso de su investidura solo para satisfacer ominosos apetitos pecuniarios, mercantilistas.