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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

Algunos pueden imaginar un mundo de pesadilla. Otros, los más optimistas, pensaran más bien un escenario en donde nuestros seculares problemas de pobreza, desigualdad, inseguridad, centralismo y falta de institucionalidad se hayan superado. No se trata de hacer futurología porque, ante la pregunta de si es posible predecir los próximos 50 años del Perú, la respuesta es un rotundo "no". Y, sin embargo, el ejercicio es válido y resulta ilustrativo sobre qué hacer y qué evitar en ámbitos tan sensibles como educación, economía, salud, infraestructura, tecnología, cambio climático o seguridad nacional.

En primer lugar, no debemos creer que el ciclo de crecimiento y prosperidad del que ahora disfrutamos será eterno. Siendo el Perú un país "primario-exportador", debemos considerar la volatilidad que caracteriza los precios de las materias primas. Esa es una de las advertencias que hace Jürgen Schuldt, frente a la cual recomienda: "Reestructurar la economía de manera que se logre ampliar el mercado interno, tanto por mayores ingresos de la población como por una más equitativa distribución del ingreso y los activos".

Cualquiera de los 14 capítulos que componen el volumen revela y organiza la información de manera reveladora y deslumbrante, pero, desde su título (La casi indomable pobreza multidimensional), el de Vásquez y Gatty llamó nuestra atención. Allí encontramos que para lograr resultados alentadores en ese ámbito se requieren reformas profundas en los actores: el Gobierno, las empresas y la sociedad civil, pero, sobre todo, acciones directas sobre el capital humano en materia de salud, nutrición, calidad educativa y acceso a los servicios básicos. Se presenta mañana y es de lectura obligatoria para los que toman decisiones.