(GEC)
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Hasta el día de ayer, la polarización que vive el país había cobrado una nueva víctima: Sacarías Meneses Taco (56), simpatizante de Perú Libre. Según la noticia que comenzó a rebotar de manera incesante e irresponsable en las redes sociales, había muerto a consecuencia de las heridas sufridas el pasado 24 de junio, en las afueras del local del JNE, cuando, junto con amigos y correligionarios, fue atacado por el grupo profujimorista conocido como La Resistencia.

La noticia corrió profusamente en las redes, como decimos, y no pocas voces de políticos, influencers, periodistas y cazadores de noticias virales se alzaron para manifestar su indignación y doliente solidaridad con los allegados al caído, denunciando la vileza del ataque, azuzado, según ellos, por la actitud renuente de Fuerza Popular a aceptar su derrota. Incluso el candidato Pedro Castillo se sumó a este arrebatado crescendo coral tildando a don Sacarías de “héroe de la democracia”, quien –dijo– “ha demostrado que los derechos constitucionales se defienden hasta con la vida” y proclamando que su muerte “no puede quedar impune”.

Sin embargo, la noticia se desinfló rápidamente. Tanto la Policía como el Minsa salieron al frente de la rumorología viralizada para aclarar que Meneses Taco estaba hospitalizado desde el 22 último por una enfermedad ya en estado terminal y no solo no había participado de los eventos del día 24, sino que su enfermedad y muerte no tenían nada que ver con actos de violencia ligados a la circunstancial electoral. Posteriormente la familia Meneses confirmó la versión y pidió no politizar su partida.

Lo que queda, sin embargo, más allá del papelón de tanto influencer, periodista y político en busca de audiencia, es la gravedad de sucumbir a esa suerte de nueva enfermedad de los adictos a las redes sociales, que podría denominarse “reditis”, que sin verificación alguna y con enorme ligereza expanden noticias falsas (fake news) como quien reparte indulgencias a sus ávidos followers.

Este surtido de fakes, desde luego, lo hemos tenido en ambos bandos; el de Meneses Taco es solo el ejemplo más reciente. Y si agregamos que todo esto ocurre en medio de un proceso electoral que sigue crispando al país, pudo haber derivado en tragedia si algún fanático decidía hacer justicia con mano propia. Esta situación no debe, pues, repetirse. Basta de jugar con fuego.

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