Viaje al centro de la cancha. (Foto: Zenaida Condori)
Viaje al centro de la cancha. (Foto: Zenaida Condori)

Justificar la conflictividad social en el país como originada por la “histórica ausencia del Estado” (Del Solar dixit) tiene una función política antes que explicativa. Es un argumento seudointelectual que suena bien en la audiencia progresista porque le da en la yema del intervencionismo estatal. A su vez, le resta responsabilidad a los actores privados involucrados –mineras–, lo cual es agradecido por quienes defienden los intereses empresariales a toda costa. Para ubicarse en el centro de disputas políticas entre radicales, tanto antimineros como promineros, Del Solar ensayó en Perumin no quedar mal con nadie. Porque la búsqueda de ese centro inocuo, insípido, cobarde, parece convertirse en una obsesión para políticos ambiciosos.

En un país donde la mayoría de personas no se reconocen en los campos de izquierda y derecha, el viaje al centro de la cancha ideológica resulta atractivo. En términos de “demanda”, ese espacio medio es más ancho y diverso de lo que uno cree, pues cohabitan moderados, indecisos, desafectos e ignorantes. Los moderados son los “pechos fríos” ideológicos, que no se atreven a jugársela por una alternativa. Son quienes juegan al empate programático: “ni tanta derecha, ni tanta izquierda”. Son los “ingeniosos” creadores del oxímoron del “centro radical” (sic). Los indecisos, a diferencia de los anteriores, sí tienen preferencias, ya sea por más Estado o más mercado –disculpen el simplismo–. Solo que no encuentran un equipo que les seduzca. Son los más difíciles de convencer y, por lo tanto, terminarán endosando al “anti” que más miedo meta en la próxima campaña electoral.

Los desafectos, por su parte, están desconectados de la política. Rechazan hasta la variante más “delgada” de politización, desde el populismo hasta cualquier “anti”. Finalmente, está el agrupamiento de personas que ignoran el rol de la política en sus vidas. Ni la rechazan ni se sienten atraídos. A diferencia de los desafectos, estos podrían interesarse, pero por bajos niveles educativos o posiciones marginales en la sociedad, el brazo corto de la política no les ha alcanzado… ni les alcanzará, probablemente.

Desde el lado de la “oferta” puede practicarse dos alternativas para conquistar ese centro diverso. La primera es populista: confrontar a la izquierda y a la derecha a la vez, endilgándoles los males del país. Es decir, una división maniquea en la cual el centro es virtud y el resto, maldad. La segunda radica en caerles en gracia a izquierdistas y derechistas sin comprometerse con ninguno. Jugar al “mal menor” de turno más por fortuna que por virtud.

TAGS RELACIONADOS