(GEC)
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Con la llegada de una primavera todavía fría, comienzan a asomar los primeros rayos de sol. Y desde el fin de semana pasado se ha visto a no pocos limeños precipitándose hacia las arenas y olas de la Costa Verde. Cuidado: estos espacios naturales son también propicios para la expansión del COVID-19, especialmente cuando se llenan de bañistas.

La Municipalidad de Lima, por ello, ha tenido a bien adelantarse, elaborando un protocolo ambiental sobre la habilitación de las playas de la costa capitalina para la temporada de verano de 2021. Lo más saltante es que se reducirá el aforo de cada playa al 50%, entre otras recomendaciones para reducir el riesgo de propagación del COVID-19, según la normativa sanitaria vigente y de obligatorio cumplimiento a nivel nacional.

No le falta razón a la comuna limeña. Hemos mencionado en otra oportunidad el impacto que el verano tuvo en Europa, merced a los balnearios españoles, donde la fiesta diurna y nocturna se descontroló por completo. En España, hace unos días, se han visto obligados a tomar medidas severamente restrictivas, así como en el Reino Unido, de donde suele provenir el grueso del turismo playero en la península, pues ambos países vieron dispararse unos índices de contagio que ya creían superados. Papel protagónico en ese trance correspondió a los jóvenes, quienes, como se sabe, son los que portan y diseminan el virus, a menudo sin presentar mayores síntomas.

Una experiencia de la que, sin duda, las autoridades locales deben aprender. En el protocolo dispuesto por el municipio limeño se establecen, aparte de la reducción del aforo, que requerirá un control estricto de los ingresos, medidas indispensables como la implementación y equipamiento de puntos para el lavado de manos, monitoreo de las normas de distanciamiento social entre los grupos de bañistas, desinfección permanente de los servicios higiénicos, entre otros cuidados puntuales.

Un despliegue semejante requerirá, desde luego, que el Gobierno y los municipios con salida al litoral coordinen y aúnen esfuerzos para lograr una sola estrategia de comunicación y restricción para evitar que el verano se convierta en un nuevo infierno de contagios.

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