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A los venezolanos no les gusta la chicha

Es que en Venezuela los universitarios acaban clases y recorren la ciudad buscando algo que comer entre la basura.

Venezuela

A los venezolanos no les gusta la chicha. (USI)

A los venezolanos no les gusta la chicha. (USI)

Mijael Garrido Lecca
Mijael Garrido Lecca

Se supone que iba yo a buscar un dato estadístico para escribir hoy una nota que aporte un asomo de idea sobre la criminalidad. Así, recordé un tuit que había publicado algún instituto hace unos días y no me quedó más remedio que entrar a mi cuenta y empezar a bajar hasta encontrar el bendito dato. Bueno, antes de que pueda dar con cualquier cosa, leí en más de un medio digital peruano una “noticia” que llamó –cual corneta de heladero– mi atención: le habían dado chicha a un par de venezolanos para que la prueben y –aunque no lo crean– no les gustó.

¡Habrase visto! ¿No les gustó ese manjar líquido que nos hace hermanos? Ah no, eso hay que ponerlo en prensa. Ya son más de cien mil los venezolanos que hasta el Perú han llegado y dos de ellos han tenido el atrevimiento de ofender a la mismísima madre patria en su mesa. Plancha quemada, venecos. Pedo en Shangri-La. En este país puedes ser ladrón, corrupto, pedófilo, asesino –ya tú escoge, acá olvidamos– pero no nos toques el pisco, cuñado. Poco le faltó a este par para decir que el himno peruano no es el segundo más hermoso del mundo.

¿Cuál es la relevancia periodística de la reacción de las papilas gustativas de dos migrantes frente a la chicha? ¿Será que a cambio de unos clicks algún coleguita se aventuró a jugar un poquito con la xenofobia? Porque claro, ya se imaginarán ustedes que en el país de la chanfainita este gesto antichichero le puede costar a uno la vida. Y así lo mostraban varios compatriotas que estaban indignados. Que se vayan mejor pues, si no les gusta la chicha…

¿Para qué vienen? Patitas a la calle y a caminar hasta la frontera con Venezuela, carajo.

Mano en el pecho, me pregunto: ¿por qué seremos tan huevones, tan seguido? Podríamos empezar a recordar que esos cientos de miles de venezolanos no han abandonado el Caribe por las tentaciones irresistibles de la papita rellena: es que en Venezuela no hay comida. Es que en Venezuela están asesinando gente para comérsela. Es que en Venezuela la población ha perdido el 25% de su peso. Es que en Venezuela los universitarios acaban clases y recorren la ciudad buscando algo que comer entre la basura. Y acá con la chicha… Qué vergüenza; qué pequeñez. Qué poca empatía frente a la miseria. Qué normal.

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