¿Demasiados venezolanos?

Lo importante no es impedir que entre un nuevo inmigrante o nazca un nuevo niño, sino darles la libertad para que puedan aportar y ayudar a mejorar nuestra sociedad.

Venezolanos en Lima

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Venezolanos en Lima

Óscar Rosales
Óscar Rosales

Hace más de 200 años, Thomas Malthus hizo una de las estimaciones más conocidas de la historia. Según dijo, si la humanidad se reproducía sin restricción, iba a llegar una gran catástrofe sobre la Tierra: guerras, hambrunas y muertes por todo el planeta. Como se suponía que la población aumentaba a un ritmo mucho mayor que la producción de alimento, para Malthus solamente no iba a ocurrir una catástrofe por nuestra capacidad para autolimitar nuestra descendencia. Influidos por el razonamiento de Malthus, hubo políticos que llegaron a creer que el crecimiento poblacional debía ser limitado por medio de métodos que hoy consideramos inaceptables. Incluso veían con buenos ojos la eugenesia y las muertes masivas.

Han pasado más de 200 años desde la muerte de Malthus y la humanidad no se ha extinguido pese a que ha aumentado a un ritmo que jamás hubiera imaginado. Cuando Malthus falleció, en la Tierra vivían casi mil millones de personas. Hoy, viven 7 mil millones y es factible alimentarlas a todos. Más aún: en gran parte del mundo las hambrunas son cada vez más raras. Ni Malthus ni los políticos preocupados por el exceso de población se imaginaron cómo el ingenio humano iba a revolucionar el mundo y aumentar la productividad de los suelos a los niveles contemporáneos. En nuestros días, ningún economista cree en la necesidad de la eugenesia ni otras medidas semejantes.

Aunque por suerte los políticos peruanos no proponen medidas de control poblacional en base a temores como los de hace dos siglos, varios siguen defendiendo medidas similares en base al mismo error. Como si solo hubiera un número estático de puestos de trabajo, algunos creen que la llegada de un inmigrante significa necesariamente un puesto de trabajo menos para un nativo.

Al igual que Malthus, los políticos que -como Belmont- aseguran que los venezolanos “quitan” trabajo subestiman el ingenio y la creatividad humana. Los migrantes no son simples competidores que “quitan” trabajo, sino que contribuyen a que la economía del país crezca y se creen más oportunidades laborales. Como decía Julian Simon, economista crítico de los profetas de la catástrofe, un mayor número de seres humanos incrementa el recurso más valioso con el que contamos para sacar adelante nuestras sociedades: más mentes capaces de brindar soluciones a nuestros problemas. La fuente de la prosperidad, al fin y al cabo, son las personas.

Los políticos que azuzan a los ciudadanos repitiendo que los venezolanos quitan trabajo están cometiendo un grave error. Lo importante no es impedir que entre un nuevo inmigrante o nazca un nuevo niño, sino darles la libertad para que puedan aportar y ayudar a mejorar nuestra sociedad.

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