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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

El premier Juan Jiménez Mayor afirma que aquí no pasa nada. Por "nada" debemos entender como cosas insignificantes la interceptación telefónica al ministro de Defensa, Pedro Cateriano; la abierta intervención de la señora Nadine Heredia en asuntos de Estado, el proceso iniciado contra Nancy Obregón, cercana colaboradora del régimen, nada menos que por delitos de terrorismo y narcotráfico.

Tampoco parecen tener importancia –desde el punto de vista del señor Jiménez– las reiteradas contradicciones de su principal aliado en relación con las millonarias compras inmobiliarias supuestamente realizadas por su suegra ni la generalizada corrupción policial, la impunidad de la minería ilegal y una larga lista de etcéteras a gusto del lector.

Tampoco la oposición resiste un análisis crítico. Mientras el fujimorismo, fracasado el indulto, pretende imponer su candidato al Tribunal Constitucional, los grupos menores parecen conformarse con algún cupo en la inaceptable componenda en la que han convertido el nombramiento de funcionarios claves para la vida en democracia. El APRA, mientras tanto, se debate entre la ira y la impotencia por las acusaciones derivadas de los 'narcoindultos' que, más allá de las implicancias legales, tendrán un severo costo político para su líder.

Por su parte, los de Perú Posible extorsionan al Gobierno –y al país entero– para que las cosas se hagan según sus deseos o que todo se vaya al tacho. Pues, tal vez lo logren y muy pronto escuchemos, en las calles, la expresión cada vez más común en las conversaciones de café: ¡Qué se vayan todos!

Más aún, si el Congreso se atreve hoy a darle luz verde a ese esperpento producto no del consenso sino de la grosera repartija.