Vacuna contra el rebote

“El Ministerio de Salud debe redoblar y apurar campañas de prevención e información allí donde encuentre ciudadanos dubitativos”.

Laboratorio multado con US$1,300 millones por vacunas adulteradas contra la rabia. (Getty)

Laboratorio multado con US$1,300 millones por vacunas adulteradas contra la rabia. (Getty)

Vacuna contra el rebote. (Getty)

Laboratorio multado con US$1,300 millones por vacunas adulteradas contra la rabia. (Getty)

Editorial Perú21
Editorial Perú21

Es sabido que llegar a la condición de trending topic en Twitter no es tan complicado si uno se lo propone. A veces basta un poco de ingenio; otras, alguna afirmación altisonante y las menos, un tema digno de ser discutido. Como las tendencias son volátiles, a las pocas horas –y tras haber cruzado sinfín de pantallas– igual casi todas desaparecen sin dejar huella.

Pero están también aquellas que plantan raíces y al encontrar terreno fértil –es decir, una audiencia viva y en crecimiento– se extienden a otras redes sociales donde pueden explayarse más allá de los 140 caracteres y convertir sus “verdades” y “descubrimientos” en argumentaciones desarrolladas, aunque prescindiendo igual de cualquier rigor y análisis, sea científico o periodístico.

Es así que se difunden y extienden tendencias extravagantes que afirman que la tierra es plana o que somos gobernados por reptilianos, pero también prosperan corrientes anticientíficas más peligrosas todavía, como las que achacan a las vacunas una serie de males infantiles.

En el Perú conviene ser muy cuidadosos con chismes como ese, pues nuestro sistema de salud no siempre logra la cobertura universal que la población requiere. Las vacunas son imprescindibles, todas. Más aún en momentos en que la Organización Mundial de Salud (OMS) ha alertado sobre el retorno de amenazas que creíamos superadas, como la del rebrote del sarampión, cuyas cifras de incidencia en el planeta han aumentado en un 50% respecto al año anterior.

El caso registrado hace unos días, de una ciudadana peruana que regresó al país portando el virus, debe quedar en simple dato estadístico, pero igual podría saltar a mayores si descuidamos el programa de vacunación de nuestros hijos porque leímos tal o cual suelto en Internet.

Está claro que no somos Madagascar. No obstante, el Ministerio de Salud debe redoblar y apurar campañas de prevención e información allí donde encuentre ciudadanos dubitativos o en zonas desatendidas, en esta realidad de todos los días, o en la virtual.

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