"Los populistas señalan que el gobierno debería reducir impuestos y aumentar el gasto público o que los bancos comerciales deberían condonar los intereses de los préstamos vigentes".
"Los populistas señalan que el gobierno debería reducir impuestos y aumentar el gasto público o que los bancos comerciales deberían condonar los intereses de los préstamos vigentes".

Las crisis son terrenos fértiles para la aparición de populistas, más aún si estamos en el año preelectoral. Los populistas son líderes de distinto color político, que se presentan como los verdaderos representantes del pueblo y prometen tener la receta mágica para terminar con los problemas de los excluidos y marginados, a quienes dicen representar.

Nunca definen quiénes son parte del pueblo y quiénes no. Sugieren medidas que suenan bien y, como suelen decir, obvias. En economía nada es obvio. Si fuera así de fácil, entonces, ¿por qué no se implementan las medidas? Y ahí aparece la larga lista de culpables, que se les presenta como los enemigos del pueblo: la clase política, los intereses creados de las autoridades a quienes no les importa el pueblo, los bancos, las empresas, los extranjeros que vienen al país y un largo etcétera.

Nadie duda de que muchos sectores necesitan reformas, pero los populistas solo quieren votos y culpar a otros. Es historia vieja. Dividir al país entre buenos y malos caracteriza al populismo. Fomenta la intolerancia y el odio, pues creen ser dueños de la verdad. Todas las experiencias populistas de la historia han terminado en un desastre económico y político.

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El populista no entiende que la economía tiene límites. Nadie duda de que se necesita hacer reformas de varios sistemas, como los de pensiones, salud, educación y, en general, el Estado. Una cosa es reformar, otra es destruir sin sustituir.

Los populistas señalan que el gobierno debería reducir impuestos y aumentar el gasto público o que los bancos comerciales deberían condonar los intereses de los préstamos vigentes. El exceso de gastos sobre ingresos de cualquier gobierno se financia con deuda. A mayor deuda hoy, mayores impuestos mañana para pagarla.

Existen varios principios elementales en economía que los populistas parecen no entender; primero, no se puede vivir por encima de las posibilidades de manera indefinida; segundo, todo tiene un costo, pues al final siempre se paga cualquier decisión; tercero, los recursos usados para cualquier fin tienen un costo de oportunidad, pues pueden usarse de una manera distinta y, además, no son infinitos. Cuarto, debemos ver lo que se ve y lo que no se ve de una propuesta, pues nada es gratis. Alguien paga. El dinero no crece en los árboles. No por gritar o insultar más tendrás la razón.

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Prometer mayor gasto público de manera indefinida es populismo; sugerir una medida sin analizar los efectos económicos de corto, mediano y largo plazo es populismo. Debemos ser responsables con el manejo económico y, de una vez por todas, hacer las reformas para que el crecimiento impacte sobre todos los ciudadanos.

Los políticos populistas están a la búsqueda de votos para las elecciones de 2021. Los congresistas buscan ser alcaldes o presidentes regionales. Cuidado con las promesas que suenan bien, pero a la larga destruyen la economía y castigan al que decían que iban a beneficiar. Ya lo vivimos en la década de los ochenta. La historia no puede olvidarse.

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