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El verano es una época que los hijos no deben desaprovechar. Sin embargo, esta mirada puede conducir a tomar decisiones erradas por parte de los padres. Una de ellas es sobrecargar a los hijos con cursos y talleres. Y es que una cosa es mantenerlos ocupados y que sean productivos, pero otra es saturarlos y agobiarlos con una y otra actividad.

Resulta clave dialogar con los hijos. Hay que averiguar cuáles son sus intereses y preferencias. Luego, se debe pensar en aquellos cursos que, más allá de gustos, resultan académicamente útiles para el niño. Como reforzar matemáticas o aprender un nuevo idioma, por ejemplo. A partir de dicha información, se puede definir la búsqueda de las actividades propicias para llevar en verano. Ojo, no olvidar que la práctica de una actividad física es totalmente recomendable.

Asimismo, los padres deben diseñar un horario que contemple también el ocio: tiempo para que los chicos hagan lo que gusten, como ver televisión, dormir o estar con sus amigos. Al balancear las dimensiones intelectuales, lúdicas y deportivas, se obtiene una sólida propuesta para que los hijos aprovechen las vacaciones. La idea es que aprendan, se diviertan y no se aburran.