Volveré, malditos

“‘No van a truncar nuestro proyecto político’. Esa señora va a seguir colándose en nuestra historia, al precio que sea, con trampa, con amenazas, a empujones”.

Keiko Fujimori en Sala Penal Nacional

Keiko Fujimori fue a la Sala Penal con el fin de iniciar su audiencia de control de identidad. (Poder Judicial)

Volveré, malditos. (Poder Judicial)

María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Digamos que la detención es arbitraria, inconstitucional, que jurídicamente no procede. Preguntémonos si esto termina de hundir su imagen o si su victimización, sumada a la anulación del indulto, los ayuda a revivir. Todo es posible, recordemos que Perú es el mejor hincha del mundo, precisamente porque nuestro equipo no pasó. ¿Corresponde el argumento de la falta de arraigo? No lo creo. Y no porque sea madre de familia, qué ingenuidad, sino porque no va a parar.

Esta familia está prendida de nuestra historia como una garrapata en la cola de un perro. Si la señora K (sí, hablo de Keiko) quisiera irse, lo hubiera hecho hace rato, está casada con un norteamericano. Bueno fuera que quisiera huir. Ese sería el mal menor. No podríamos ajusticiar sus presuntos delitos –de una lista cada vez más larga–, pero nos libraríamos de este infierno. Y sería un alivio inmenso. Pero no va a ocurrir. Hay un detalle monstruoso en la carta que escribe la lideresa, a mano, desde la Diviac, su lugar de detención. Ella grita (ella siempre grita): “No van a truncar nuestro proyecto político”. Esa señora va a seguir colándose en nuestra historia, al precio que sea, con trampa, con amenazas, a empujones. La mano que escribe esa carta me recuerda a la primera versión de la película Terminator, a ese último pedazo de ciborg asesino al que solo le quedaba una manito y, con esa única extremidad, seguía tratando de matar a sus adversarios. De terror.

No olvidemos cómo actuó su padre, cómo trató de burlarse de todo el Perú regresando, vía Chile, metiéndose nuevamente por la puerta falsa. Mientras Fujimori viajaba en un avión privado de Tokio a Santiago el 5 de noviembre de 2005, en The New York Times salía publicado un artículo de James Brooke titulado ‘Líder desacreditado y exiliado espera volver a dirigir el Perú’. “Lo único que se levanta entre Alberto Fujimori y una verdadera campaña para volver a ocupar la presidencia del Perú son 16 mil kilómetros de océano Pacífico y una orden de arresto de la Interpol. Lo primero lo compró, lo segundo lo ignoró, utilizando su pasaporte japonés y un avión privado”, escribe Brooke.

La señora K se ha dado el lujo de faltar a citaciones anteriores, ante lo cual su sumisa abogada argumenta que su “trabajo” es hacer campaña en las municipales. Una campaña en la que nos refriegan en la cara que somos unos peruchos inútiles, que no lograremos nada sin ellos: “Ponja sabe” es su eslogan. Y pierden, una vez más. Pero eso solo los hincha más. Mientras tanto no habrá bicentenario que celebrar, si para entonces seguimos soportando su yugo. Libertad, sí, pero para el Perú, carajo.

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