Niños a la brasa

“La pobreza extrema no entiende de ética ni de condiciones mínimas saludables, solo hace lo que puede por unos 500 soles al mes...”.

Aumenta índice de pobreza en Honduras. (Foto: Getty Images)

Aumenta índice de pobreza en Honduras. (Foto: Getty Images)

Niños a la brasa. (Getty/Referencial)

María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Necesitamos tomar conciencia de un daño muy grande, a nuestros niños y al medio ambiente. En Pucallpa existe una actividad ilegal mortal, que es la fabricación de carbón con el ripio de la madera. No es esta una denuncia a quienes se ganan los frejoles fabricando carbón con sus manos. La pobreza extrema no entiende de ética ni de condiciones mínimas saludables, solo hace lo que puede por unos 500 soles al mes que tienen que estirarse para sostener a familias numerosas. No se trata de señalarlos como delincuentes, en todo caso no a los explotados, que son mayormente niños de 10 años en promedio. Niños y niñas que cargan en sus espaldas el ripio de la madera, llevado hasta hornos precarios, sin desfogue alguno de humos, para quemarlos eternamente, generando un aire negro que entra a sus pulmones y un cascajo aún más negro que entra por sus pies descalzos. He visto un niño de un año calato y con el carbón en la lengua.

En ese paisaje tétrico vive gente muy pobre y llena sacos de carbón de 50 kilos por unos pocos soles. Sobre ellos, en el organigrama del infierno, suele haber un patrón que los explota desde Lima, alquilándoles el espacio. Un hombre ignorante que dice que él da trabajo y que si prohíben la actividad, pues esa gente paupérrima lo será aún más. Puedo dar nombres, tanto de los niños como del patrón, pero da lo mismo. Primero porque como ellos hay miles y no solo en Pucallpa, sino también en Piura, Chiclayo, Lima. De modo que solo nos queda actuar, pues somos los consumidores finales de este inframundo.

Fredy Lolay es el “capo” del carbón en Manantay, a 20 minutos de Pucallpa. Él ha declarado a la televisión que Norkys es uno de sus clientes y “muchos otros”. En el reino de la gastronomía más premiada del mundo, es criminal que tengamos a niños desnudos a cuarenta grados de calor, quemándose, cortándose, torciéndose y ahogándose para producir el carbón que llevamos a nuestras parrillas o brasas. Perú tiene un consumo per cápita de 140 millones de pollos a la brasa al año. El 98% del carbón hecho en Pucallpa se destina a Lima. Lima consume 72 kilos por persona al año. Hay 13 mil pollerías en el país y de esas 8 mil están en la capital.

Trabajar en el carbón es un suicidio, a cualquier edad. Exijamos que el carbón venga certificado y que las pollerías sepan que comprar carbón fabricado por niños es un delito. Al Estado le corresponde revertir ese abuso, esa indigencia, esa falta de oportunidad. A nosotros, plantarle cara al problema. Un poco de humanidad, por favor.

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