Aguanten

“Para encontrar el equilibrio jamás vivido, vamos a tener que jalar muy pero muy fuerte, exageradamente fuerte y sin soltarla, del otro extremo de la soga”.

Marisa Glave denunció que periodista lo acosa.

Marisa Glave denunció que periodista lo acosa. (GEC)

Aguanten. (GEC)

María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Fíjate tú al extremo que hemos llegado, dice Rafael Rey, respecto a la denuncia de acoso por parte de la congresista Marisa Glave al periodista César Rojas. Francisco Tudela, con esa voz rara de ultratumba, esgrime una teoría académica sobre lo que son las “musas”, y sugiere que Glave ha denunciado al periodista “por decir que es bella… lo cual además es un asunto objetivo de la naturaleza”. De paso se molestan porque Glave, en su respuesta, ha sido avalada por una representante del Ministerio de la Mujer, qué exageración, válgame Cristo…

Me hubiera encantado ver a una mujer en ese panel, pero claro, eso es mucho pedir a estos hombres tan anticuados, quienes terminan minimizando la denuncia de Glave a Rojas, aduciendo que no es más que la venganza política de una congresista comunista contra un periodista anticaviar.

Vista desde cierta saludable distancia, con ojos de mujer y madre alerta de tres niñas, considero que la historia es más bien esta: un periodista se obsesiona con una congresista a la que –por lo visto desprecia ideológicamente pero– ama mirar, como si fuera una calata de calendario en un taller de mecánica, porque está buena… está buena pes, compadre, y uno es varón, ni que fuera cabro… Rojas escribe sobre ella en sus redes y, como eso no basta para satisfacer sus deseos de macho que se respeta (y los de sus onanistas seguidores), entonces mete una cámara en un club privado donde la congresista descansaba en Año Nuevo, y le toma una foto en bikini, echada sobre su toalla.

“El acoso ha sido y sigue siendo una práctica cotidiana, silenciosa, invisible y normalizada que afecta la vida de miles de mujeres, adolescentes y niñas”, ha expresado Glave, para quien resulta imperativo erradicar la milenaria costumbre de tratar a las mujeres como si fuéramos la fruta exótica de un bufet exclusivo para hombres.

Pero volvamos sobre la primera línea de este breve texto, concretamente sobre la frase: “Fíjate tú, al extremo que hemos llegado” del director del BCRP. Un extremo sostenido por millones de personas que marchan contra el abuso, un extremo que solo puede existir como reacción a ese otro infernal (y asesino) extremo, del que ni Rey ni Tudela se tomaron la molestia de hablar en ese superfluo panel, como tampoco hablaron de la foto tomada a Glave sin su permiso, porque entonces sus teorías medievales se hubieran ido por el retrete. Estamos reaccionando a siglos de acoso, maltrato y desigualdad, y para encontrar el equilibrio jamás vivido, vamos a tener que jalar muy pero muy fuerte, exageradamente fuerte y sin soltarla, del otro extremo de la soga. Aguanten.

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