En qué mundo vivimos

“La única diferencia entre él y otros niños es que Kevin no habló, ni cantó una canción para pedir unas monedas, ni trató de vender frunas”.

Cadáver hallado esta mañana en La Costanera es el de Kevin. (Facebook Janet Mrno Rivas)

Cadáver hallado esta mañana en La Costanera es el de Kevin. (Facebook Janet Mrno Rivas)

En qué mundo vivimos. (Facebook Janet Mrno Rivas)

Cadáver hallado esta mañana en La Costanera es el de Kevin. (Facebook Janet Mrno Rivas)

María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Algo en su interior rechazaba este mundo acelerado y ruidoso. Solo salía de su casa, con su papá, al hospital donde hacía sus terapias, subían a un transporte público y Kevin (9) viajaba mirando por la ventana. Amaba el agua, como muchos niños con autismo, quizás la inmensidad donde el bullicio y la presión social se vuelven nada.

El 28 de diciembre, su padre salió a la bodega y dejó la puerta entreabierta, sin imaginar que Kevin saldría y se subiría a un bus de la empresa Norlima que se trasladaba de San Martín de Porres a Magdalena. Digamos que Kevin subió pensando que le tocaba ir a terapia y que su padre se había olvidado de llevarlo, digamos que una discusión entre adultos lo alteró y buscó la esquina más solitaria del bus, digamos que la cobradora se acercó a él, haciendo sonar sus monedas, exigiéndole que pague, digamos que volteó a ver quién se responsabilizaba por él, digamos que nadie pagó por Kevin y que a nadie le importó por qué estaba tan solo. Finalmente, la única diferencia entre él y otros niños es que Kevin no habló, ni cantó una canción para pedir unas monedas, ni trató de vender frunas. ¿Por qué tendría que llamarnos la atención ver a un niño moviéndose solo dentro de esta inmisericorde ciudad?

Su padre intentó denunciar el hecho en la Divincri de Los Olivos, pero le dijeron que había que esperar, entonces fue a la comisaría, pero no había gasolina para buscar al niño, y tampoco había ganas, ni leyes que protejan a los niños, o probablemente estaban pegados al televisor con las pataletas de Beteta o las amenazas de Chávarry, o chateando para organizar la siguiente juerga, entre Navidad y Año Nuevo, fiestas de amor y paz.

La cobradora lo obligó a bajar en el último paradero (un niño sin monedas no es un ser humano), llegando a Magdalena, y Kevin caminó hacia el malecón, atraído por el mar, bajó solo, pero nadie notó su presencia, llegó a una playa solitaria de piedras, se quitó la ropa y se lanzó a las olas. Una mujer lo vio entrar solo al agua y, al ver que no salía, llevó la ropa del niño a la comisaría de Magdalena, pero esta división no había tomado conocimiento de que el padre de Kevin lo estaba buscando con desesperación, de modo que no avisaron a ninguna otra institución. No se había activado la alerta para personas desaparecidas. Cinco días después, los oficiales de salvataje de la Policía encontraron su cuerpo y su padre lo reconoció. Para entonces, las redes sociales ya lo habían masacrado moralmente, todos somos Kevin, bla, bla.

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