Héroes de balcón

“Han quedado super bien en sus redes, chamba no les va a faltar, su talento es incuestionable, pero no se trataba de ustedes, se trataba del país”.

Redes sociales

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María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Si usáramos la palabra “perdón” en lugar de indulto, el genocida hubiera tenido que pedir perdón; pero ponemos todo en difícil y lo que es humanitario se convierte en político: el arte de hablar de cosas que no se harán, y de callar las que sí se hacen, de la noche a la mañana y bajo la mesa.

Nos encanta decir que “todo está muy movido”, pero desde que tengo memoria ha sido así. Nací con el general Juan Velasco Alvarado y mi padre estuvo preso por manifestarse contra él, como muchos otros hombres de su generación. Con Belaunde empezó el terrorismo y él nunca quiso reconocerlo. Luego llegó Alan, elegido a sus 35 años por “guapo” y buen floro, que se encaprichó y aniquiló nuestra ya precaria economía, alentando más la violencia social y política. Al caballo loco lo siguió Fujimori con toda la locura que ya sabemos y luego vino el choro Toledo, envalentonado con sus cuatro suyos, caballo loco otra vez, Humala –hoy el único encarcelado pese a representar el mal menor– y nuestro actual presidente, cambiando de ministros cada tres meses, sin haber podido esquivar el circo, el titiriteo, la repartija de poder de espaldas al ciudadano de a pie, etcétera. Si esto no ha cambiado en 50 años, ya no va a cambiar. El indulto es una patada en el corazón a los deudos. Pero no entiendo, por ejemplo, la renuncia de quienes trabajaban en el canal del Estado, pues con su dignidad lo único que han hecho es abandonar una labor extraordinaria y dejar la cancha libre a cualquier jugador. No veo el heroísmo, solo veo que el país sigue perdiendo.

Discúlpenme, pero la renuncia de ustedes, tan aplaudida en Facebook y Twitter, lo que implica realmente es poner en riesgo los excelentes programas educativos, históricos, de rescate cultural y en quechua que se les permitió emprender. Renunciar es admitir que trabajaban para el gobierno, cuando se supone que trabajaban para el país. Así como es una tremenda pose, ilustres escritores e intelectuales, el cargamontón al nuevo ministro de Cultura Alejandro Neyra, ex director de la Biblioteca Nacional. Yo en cambio le agradezco su disposición a asumir una cartera tan importante en un momento tan frágil. Es la gente más olvidada a la que abandonan renunciando, gente a la que le importa muy poco quién es quién en este circo, pues cualquier teoría principista resulta muy sofisticada para quien madruga y chambea de sol a sol por muy pocos soles al mes. Han quedado super bien en sus redes, chamba no les va a faltar, su talento es incuestionable, pero no se trataba de ustedes, se trataba del país.

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