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Los engendros de Dios

“Si el Estado sigue permitiendo la discriminación, no habrá película que nos salve. Pues el daño real no está en el cine sino en nuestras calles, escuelas y hogares”.

LGTB

(RenzoSalazar/Perú21)

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María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

Si algo bueno tienen los premios Oscar no son los vestidos de Armani ni la infalible gringada de sus discursos, llenos de chistes paporreteados, eso resulta incluso aburrido para quienes lo vemos con el fin de saber cuáles son los temas de fondo que se quieren remover, como el racismo, la guerra, la discriminación y una larga lista de injusticias. Así, es de esperarse que una película sobre un transexual reciba un premio, y más si se trata de una chilena, país representante de la reaccionaria Latinoamérica, pero de evidente progreso si se le compara con el Perú, pues al menos sus leyes y su cine ponen el dedo en la llaga sobre temas tabú como la unión civil, el abuso sexual dentro de la Iglesia católica y, últimamente, la peor escoria según un puñado de fanáticos religiosos ultraderechistas con harta popularidad: los transexuales.

El Oscar para Una mujer fantástica genera que más personas vayamos a verla y hablemos de ella. Eso, culturalmente, nos ayuda a evolucionar, pero si el Estado sigue permitiendo la discriminación, no habrá película que nos salve. Pues el daño real no está en el cine sino en nuestras calles, escuelas y hogares. El Poder Judicial, a pedido del colectivo Padres en Acción, ha obligado al Ministerio de Educación a retroceder sobre la iniciativa del enfoque de género, que propone que “si bien aquello que consideramos femenino o masculino se basa en una diferencia biológica sexual, estas son nociones que vamos construyendo día a día, en nuestras interacciones”.

¿Qué les asusta tanto? Que sus hijos “se vuelvan maricones” o que descubran que existen otros niños que siendo físicamente hombres se sientan mujeres o viceversa. Que por culpa de los colegios, donde eventualmente se discutirá el tema urgente de la discriminación, tengan ellos mismos, como padres, que cambiar su discurso homofóbico de orgullosos patriarcas y matriarcas de familias “funcionales”. Que la vida cambie. Que la realidad le enmiende la plana a la Biblia. Voltear a buscar una señal divina que refuerce sus dogmas y encontrarse, en su lugar, con un “hombre” vestido de “mujer”.

Maricón culeado. ¿Qué te has creído para venir a cuestionar nuestras creencias? Qué carajo eres, engendro de Satanás. Bien hecho que tengas que andar por la vida sin DNI, pues te tocó nacer en un país católico donde el macho es bien macho y la hembra bien hembra… Hasta que un día Dios los bendice con un hijo más, pero no es lo que esperaban y resulta que sus propios retoños son los engendros, la maldición cama adentro. ¿Qué hemos hecho para merecer esto?... No escupan al cielo, la gravedad es un hecho científico.

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