El Cristo, la Cumbre y la concha

“Y ya que hablamos de la cumbre, de lo más elegante esto de escondernos, a los ‘lorchos’ de acero inoxidable, mandándonos a casa a descansar o animándonos a viajar”.

Cristo del Pacífico

Cristo del Pacífico. (LuisCenturión/Perú21)

Cristo del Pacífico. (LuisCenturión/Perú21)

María Luisa Del Río
María Luisa Del Río

El lunes, Proética lanzó una campaña de intriga a través de una serie de personas que posteamos videos o fotos delante del Cristo del Morro, simulando estar sorprendidos por su desaparición. Al cabo de unas horas, la intriga se reveló con un mensaje de fondo contra la corrupción, la misma que, así como el Cristo, no va a desaparecer por arte de magia, pues es tarea de todos. Estas intrigas funcionan en muchas latitudes, pero en la Lima hipster y buenista de las redes sociales hubo indignación “porque estábamos engañando a la población y eso es tan malo como la corrupción”. Lo curioso es que alzaron su voz algunos periodistas que engañan cuando informan, pero bueno. El drama oportuno para criticar la campaña era la victimización de “la pobre gente desinformada de los conos”… Y eso fue lo más ridículo. Porque decir que el Cristo no está es una mentira incapaz de vulnerar las expectativas de nadie. No dijimos que el Metropolitano iba a ser gratuito en los días de la cumbre, tampoco que estaban regalando medicinas en el peaje al sur. No, amables hipsters con emoción social y harto dedo para trabajar por su país desde su teclado, no hubo víctimas, ni siquiera Alan García, no olvidemos que el juguetote fue un regalo de Odebrecht para él.

Y ya que hablamos de la cumbre, de lo más elegante esto de escondernos, a los ‘lorchos’ de acero inoxidable, mandándonos a casa a descansar o animándonos a viajar. Ah, mira, como nos sobra la plata, queremos más feriados para huevear con nuestros hijos, no importa que los pasajes cuesten el triple, justo estos días. Da igual, como vienen personalidades excelentísimas, lo único que importa es que nadie circule. Y así unos dos millones de niños simplemente pierden clases, y los ilustres visitantes se llevan una imagen de nosotros casi tan falsa como la que nos muestran de ellos mismos.

Nótese el furor que ha generado el intenso seguimiento a Ivanka Trump, la guapísima mujer que, no solo no cuestiona al engendro de su padre, sino que además lo asesora y lo representa, promoviendo de paso el empoderamiento de mujeres peruanas, pero también la patada en el culo a las mexicanas que viven en su país. La bella Ivanka es emprendedora, deportista, madre, elegante, buenísima obviamente, pero es tan Trump como la bestia vulgar de su padre, de lo contrario estaría con el apellido cambiado, cultivando algas en una isla perdida para pasar desapercibida. Pero quiere show y lo tiene, como otra hijita de papá, bastante menos agraciada pero igualmente conchuda –y últimamente también deportista, hay que decirlo–, que tenemos por aquí. Seguiremos hueveando.

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