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Fritz Du Bois,La opinión del directorLa sociedad entre Humala y Toledo siempre dio la impresión de ser un matrimonio un tanto raro. Para empezar, era una unión a la distancia, nunca llegó a existir una convivencia real y eran bastante esporádicas las visitas conyugales por parte del exmandatario. Más aun, no sería para nada sorpresa que el casamiento ni siquiera se haya consumado.

Incluso, luego del fugaz primer gabinete que fracasó al inicio de este mandato, ya no quedó en el Ejecutivo ningún representante de Toledo. Limitándose de esa forma la alianza a intercambiar votos por puestos directivos en el Congreso, recibiendo de paso un par de embajadas de regalo.

Así que no era un lazo sólido y menos aún de largo plazo el que se había forjado. Más bien era una relación de conveniencia en donde la agenda conjunta no era muy profunda y estaba orientada a conseguir cargos antes que a ejecutar un plan específico de trabajo.

Por otro lado –como si hubiera envejecido más rápido de lo esperado– el sex appeal de Toledo se fue perdiendo aceleradamente, a medida que muchos parlamentarios lo abandonaron. De los 21 legisladores que fueron originalmente elegidos en su lista, más de la mitad ya se han separado, por lo que sumando los votos de ambos grupos el gobierno ya no puede lograr una mayoría en el pleno.

Para colmo, empezaron a salir a la luz una seria de hechos extraños del pasado de uno de ellos, que están generando crecientes sobresaltos y que no han podido ser debidamente explicados. Con lo cual ambos se están desprestigiando pese a que es solo Toledo el que está involucrado.

Por todo ello, no es sorprendente el hecho de que Humala le esté echando el ojo a otras (bancadas). Sin duda, está buscando lo que Toledo ya no le está dando y además el costo de mantener una relación que no da resultados es cada día más alto. Así que estamos presenciando el final de un matrimonio que está rumbo a un divorcio asegurado.