Unasur rechaza injerencia de EEUU en Venezuela. (EFE)
Unasur rechaza injerencia de EEUU en Venezuela. (EFE)

El reciente retiro de Colombia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) puede significar el final de este mecanismo de integración regional.
Unos meses atrás un grupo de países, entre ellos Brasil, Argentina, Chile y Perú, anunció que no iba a seguir participando activamente de este bloque.

La paralización de la Unasur es tal que desde 2017 no cuenta con un secretario(a) general y sus megainstalaciones en la ciudad de Quito son un gran “elefante blanco” que el actual gobierno de Ecuador busca que se conviertan en una universidad.

Es indudable que desde un inicio, la Unasur –sucesora de la Comunidad Suramericana de Naciones– tuvo un alto contenido ideológico. En vez de promover el acercamiento entre los países de la región, el liderazgo que asumió la Venezuela chavista en la Unasur fue una fuente de división. Por ello, la actual presidencia pro témpore de Bolivia, aliado de Caracas hasta hoy, tampoco ayuda.

No obstante, el descrédito de la Unasur no debería significar dejar de lado la importancia de crear un mecanismo que busque articular los intereses de nuestros países. La integración suramericana le dio soporte a la iniciativa IIRSA, promovió el desarrollo de un Consejo de Defensa (importante para reducir las desconfianzas que todavía existen en la región), y colaboró en la solución de una serie de escenarios de conflicto en el subcontinente.

Creer que la experiencia de la Alianza del Pacífico demuestra que solo este tipo de bloques, principalmente económicos, debería ser el camino a seguir, no solo refleja poco pragmatismo, sino también desconoce, además, la existencia de dinámicas políticas, militares, sociales y culturales que son claves para promover una real integración entre nuestros países.

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