LIMA, JUEVES 14 DE MAYO DEL 2020.
EXTERIORES MERCADO CAQUETA, AMBULANTES SE PASEAN A LAS AFUERAS DEL MERCADO.
FOTOS: ALESSANDRO CURRARINO/EL COMERCIO
LIMA, JUEVES 14 DE MAYO DEL 2020. EXTERIORES MERCADO CAQUETA, AMBULANTES SE PASEAN A LAS AFUERAS DEL MERCADO. FOTOS: ALESSANDRO CURRARINO/EL COMERCIO

La gerencia de la información es, a mi entender, lo peor que estamos haciendo en esta pandemia. La que el Gobierno produce, la amarra. Es el caso de la data sanitaria. Información de detalle sobre las muestras tomadas, los contagios, las altas y las muertes no se ha compartido con la comunidad científica. Recién ahora se está soltando en gotas, más por presión que por convicción. Esa información es clave para detectar focos de infección, aislarlos y aplicar tratamientos de alivio. También es el caso de la data técnica que han aportado los gremios empresariales y que fue dejada de lado por algunos sectores al publicar los primeros protocolos para el reinicio de actividades. Se ignoró esa información, creyendo que disfrazaba intereses egoístas de los empresarios y que era un sabotaje contra los trabajadores. La realidad fue más convincente y los protocolos tuvieron que ser modificados. En ambos casos se ha perdido un tiempo muy valioso.

Pero el mayor descalabro ha sido abordar la informalidad del país. El punto de partida fue el desperdicio del censo de 2017. Si se hubiese realizado con mayor profesionalismo hubiésemos tenido data actualizada sobre las poblaciones vulnerables y los subsidios habrían llegado a tiempo, sin tantas colas en bancos, que ha sido un gran factor de contagio. El otro foco de infección han sido los mercados. Esa informalidad poco tiene que ver con la libertad económica, sino con la voluntad de las autoridades políticas de no exigir las reglas de sanidad y de seguridad que sí exigen a los supermercados, ya sea para mantener popularidad electoral o, más grave aún, como cómplices de mafias. Vista en el tiempo, esa conducta ha resultado criminal. La presencia de muchos profesionales de las Ciencias Sociales en el Gobierno debiera servir para abordar el tema de la informalidad de una vez por todas, porque ese será el escenario más probable de desborde social.

La encerrona hasta el 30 de junio está muy lejos. La necesidad económica empujará a que se burlen los controles de seguridad y los niveles de contagio se duplicarán. Lo insinuó el presidente al fijar las metas en capacidad hospitalaria para estos días. También insinuó la mejor intención del Gobierno de enmendar errores. Apostemos a eso. Compartamos información. Aunque esa data muestre fracasos, el Gobierno no debe temer la crítica. Quizá habría que advertir que lo que buscan científicos y empresarios son soluciones, no andar censurando ministros. Que los enemigos del Gobierno, si los tienen, están en otros lados.