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Carlos Carlín, Habla.babasDicen que la televisión engorda, y debe de ser verdad porque cuando a uno lo ven por la calle no falta quien mirándote de arriba a abajo diga sin respeto alguno: ¿Así eras? Seis y hasta ocho kilos puede aumentar tu ser en la pantalla y, en ciertos casos, más. Si eres gordito, apareces como un cerdo, y si eres un cerdo, es mejor que no aparezcas. Pero la televisión no solo engorda el físico. También engorda la billetera. Una de las razones principales por las que muchos personajes están o estaban (como yo) en TV es por plata. Es un trabajo fácil, no demanda demasiado esfuerzo mental ni mucho menos intelectual, y solo ocupa algunas horas de tu vida. Te verás gordo, pero con plata. Pero lo que más engorda con la televisión es tu ego. Ese se desproporciona. Se sale de la pantalla. Se ensancha y te aplasta. El reconocimiento de la gente por la calle te transforma en un obeso mórbido insoportable y empiezas a considerarte diferente y mejor que los demás. Confirmado: la televisión engorda. Por eso Magaly ahora está a dieta y, tal vez, (ojalá) más feliz. Disfrutando la plata y la tranquilidad que su obesidad televisiva le dio. Por eso y muchas cosas más, no hay nada mejor que alejarse de la gordura.