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Túnez se convirtió en el único país árabe en concretar su "primavera" del 2011 al darse una transición democrática y pacífica de un gobierno a otro por primera vez en su historia. En octubre de 2014 el partido liberal Nidá Tunis desplazó con 85 escaños de los 217 de la Asamblea del Pueblo al partido islámico Ennahda, que obtuvo 69 puestos. En diciembre, los tunecinos volvieron a las urnas para elegir presidente, y los laicos liberales se consolidaron en el poder con el triunfo de su candidato Beyi Caid Esssebsi, un veterano político de 88 años ex ministro del héroe independentista, primer presidente y dictador del país entre 1956 a 1987: Habib Burguiba.

Túnez fue el país en donde comenzó la primera de las rebeliones que se expandieron a varias naciones árabes desde fines de 2011, logrando el colapso de la dictadura de Ben Allí, el militar que depuso a Burguiba. En las primeras elecciones libres, el partido islámico Ennahda que ante la presión de la calle por sus intentos de introducir leyes religiosas en la Constitución se vio reflejado en el destino de Los Hermanos Musulmanes en Egipto, derrocados por un golpe militar celebrado por quienes pidieron la democracia en 2012, decidió gobernar en alianza con dos partidos laicos.

En 2014, una asamblea constituyente estableció una Carta Magna que separa la religión del Estado y reconoce la libertad de credo, entre muchos otros derechos básicos similares a los de las sociedades occidentales.

Con Libia como vecino, país que se vuelve una madriguera de terroristas islamistas, y con un nuevo presidente que fue ministro de un dictador por casi 20 años, el tenaz Túnez tiene el reto de evitar la tentación del fanatismo religioso y de la tiranía.