La comisión especial para elegir miembros del TC sesiona en el Congreso. (Congreso de la República)
La comisión especial para elegir miembros del TC sesiona en el Congreso. (Congreso de la República)

Aprovechando que el impasse electoral acapara la atención de la ciudadanía, el actual Congreso de la República insiste en hacer de las suyas, como es habitual, buscando solo el beneficio particular sin que le importe el futuro de los peruanos o la legitimidad jurídica de nuestra democracia.

Sin embargo, sus pertinaces intentos por designar a seis de los siete miembros del Tribunal Constitucional que hace falta renovar por tener vencidos sus mandatos no deberían pasar desapercibidos, pues se trata de decisiones que pueden afectar seriamente la estabilidad política del país.

El concurso fue puesto en marcha casi a trompicones y con supino apresuramiento, sin lograr una convocatoria que reuniera a los postulantes más idóneos para cargos tan importantes. Como se recordará, no pocos jurisconsultos decidieron retirarse del proceso desde la primera etapa, al notar que la comisión especial del Parlamento se basó en acuerdos de escasa transparencia para elaborar el reglamento del concurso y se negó a revisar casos de postulantes que alegaron una afectación al debido proceso.

En las condiciones que vive el país, lo más saludable y honesto habría sido dejar esta tarea al nuevo Congreso, pero ya sabemos que la prudencia, la sensatez, dista de ser un atributo de estos legisladores, que van de desatino en desatino, movidos casi siempre por oscuras consignas, como ha ocurrido a lo largo de las últimas legislaturas.

Tratándose de un alto tribunal que, más temprano que tarde, tendrá que dirimir causas medulares para la defensa del Estado de derecho en nuestro país, la elección de sus miembros debería haberse realizado bajo los mayores estándares jurídicos y profesionales. Y lo que se obtendrá, en cambio, será un grupo de magistrados elegidos solo a base de componendas bajo la mesa.

Una vez más este malhadado Congreso, que no termina de irse, deja una bomba de tiempo no solo al próximo gobierno, sino al futuro de la democracia peruana.

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