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Alexandra Ames
Alexandra Ames

La semana pasada, el INEI publicó el paso de 20.7% a 21.7% de pobreza monetaria en el país, de un año a otro, lo cual ha causado cierta conmoción. Esto implicaría que existen alrededor de 375 mil personas que pasaron de la clase media a situación de pobreza durante el último año.

Los comentarios han venido estirándose hasta esta semana sin comprender realmente la situación.

En primer lugar, el margen de error estadístico que utiliza el INEI suele ser del 3%, por lo que un incremento de un punto porcentual no nos dice nada. Sin embargo, si vemos cómo ha ido evolucionando la reducción de pobreza en los últimos años, vemos que la tendencia siempre ha sido a la baja.

Que este año haya un incremento, aunque sea del 1%, nos estaría indicando que nos hemos estancado y que nos encontramos lejos de llegar a la meta del 15% de pobreza para 2021.

En segundo lugar, el tipo de pobreza que se analiza es solo monetaria y va en función al nivel de gasto. Sin embargo, existen otros factores que son condicionantes de la situación de la pobreza que no se están visibilizando en esta publicación. No es posible que existan 21% de hogares “pobres” pero que tengamos al 30% de hogares que no tienen conexiones de agua potable.

¿Puede concebirse acaso alguien que no sea catalogado como pobre que no tenga acceso a agua potable? Lo mismo sucede con la anemia, la desnutrición y las oportunidades de acceso a servicios de salud para combatirla.

Medir solo la pobreza monetaria puede ser peligroso para combatir la pobreza real, pues nos obstaculiza desarrollar estrategias focalizadas.
No nos dejemos engañar, midamos lo que realmente importa.

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