Trabajar por diálogo y espacios de consenso
Trabajar por diálogo y espacios de consenso

COLUMNISTA INVITADA:

MARISOL PÉREZ TELLO

Hemos llegado a niveles de agresividad en las calles y en las redes que refuerzan mi opinión sobre nuestra poca capacidad como sociedad para escuchar y usar argumentos y la necesidad de trabajar en ciudadanía.

La discrepancia más dura puede sumar si se canaliza con diálogo, pero el insulto constante y permanente a todo y a todos desde el anonimato no ayuda. Por lo menos las marchas han puesto rostros indignados contra la incapacidad y la inmoralidad llevadas al poder.

Son las demandas de una ciudadanía que se expresa con las características propias de una nueva y virtual generación que reclama un cambio, pero que en el fondo pide y necesita lo mismo que subyace a los reclamos y protestas legítimas de siempre: políticos honestos que dialoguen y trabajen por educación, salud, empleo y oportunidades.

Son días de dolor y de luto porque las muertes han sido generadas por represión y acciones que eran previsibles y que tendrán que ser asumidas, investigadas, procesadas y sancionadas; sin embargo, no podemos olvidar, separar y señalar sin temor a los desestabilizadores que, así como en otros países, se infiltran en protestas legítimas con agendas ilegítimas e ilegales.

Tenemos que saber distinguirlos, no generalizar y bajo ningún supuesto dejar de reconocer la legitimidad de quienes reclaman sin más agenda que su indignación y el derecho a exigir políticos capaces de que actúen con honestidad.

Como respuesta apresurada y sin reglas claras casi se elige de presidente a una mujer que milita en un partido cuya ideología es opuesta a la mía. No estoy de acuerdo con su mirada del Estado, la libertad y la economía, no logró los votos y no sabemos qué puede pasar; o mejor dicho, sabemos que puede pasar cualquier cosa, pero quien sea que salga elegido debe saber que su mandato no es para imponerle al Perú su agenda política sino para permitirle transitar en libertad a un proceso electoral que definirá el destino del país en el bicentenario.

Lidiamos contra el hartazgo y la indignación, algunos aprovechados, queriendo llevar agua para su molino con planes más latinoamericanos que tienen a Venezuela como destino y que tendrán, sin duda, resistencia tan fuerte como la actual, aunque seguramente más sangrienta; evitémoslo.

Si esta mesa directiva del Congreso, de donde saldrá el presidente, sin importar quien sea, tiene la capacidad de ponerse a la altura de las circunstancias, deberíamos encontrar, por ejemplo, en el Acuerdo Nacional espacios para escuchar y canalizar demandas de los ciudadanos que hablaron desde las calles.

Hagámoslo juntos.


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