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Carlos Tapia,Opina.21La explosión de una bomba en una estación del metro de Santiago, que provocó más de una docena de heridos, ha conmocionado a todo Chile. El gobierno de Bachelet ha llamado cobardes a sus autores y el ministro del Interior se ha referido a estos como delincuentes que pararán en la cárcel. Curiosamente, no se habla de terroristas. Esto se debe a que esa calificación no fue de uso común durante las acciones criminales de los militares después del golpe del 11 de setiembre de 1973, aunque así se denominó a ciertos crímenes y atentados de la ultraderechista Patria y Libertad y al Frente Manuel Rodríguez, brazo armado del Partido Comunista, en el fallido intento de asesinar a Augusto Pinochet.

La democracia chilena, salvo durante la dictadura militar de 1973-89, se sostuvo sobre un sólido sistema de partidos y de instituciones estatales consolidadas que fueron un ejemplo para los países de la región. Es así que el líder del socialismo, Salvador Allende, ganó la Presidencia de la República en 1970, ratificada en el Congreso con apoyo de la Democracia Cristiana.

Allende desplegó una política a favor del socialismo democrático como primer ejemplo mundial de la conquista del poder por la vía electoral, aunque su predecesor, el presidente Eduardo Frei, ya había iniciado la 'chilenización del cobre'. Como se comprobó después, fue decisión del Departamento de Estado norteamericano que la CIA interviniera para derribar el gobierno izquierdista, baldón que quedará grabado para siempre en la historia contemporánea.

Aunque no se conoce a los que pusieron la bomba, está claro que su objetivo es crear zozobra en el gobierno de Bachelet en el que participan varios comunistas. No se descarta un rebrote ultraderechista o anarquista.

Felizmente que la captura y sanción de los culpables se hará respetando escrupulosamente la ley, porque, como ha escrito Juan José Garrido, ya conocemos las desastrosas consecuencias de no hacerlo así.