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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Por lo cual se les debería recordar con agrado, pero en nuestro país se les rehúye aterrados.

¿Por qué en el Perú los procesos electorales son incómodos y acalambrados, causando tanto malestar en el electorado? Para empezar, el sistema electoral se ha quedado estancado en los comienzos del siglo pasado, el conteo sigue siendo manual, el voto electrónico es ciencia ficción para los encargados. Lo que sumado a la lentitud en organizar locales hace que las colas sean interminables y uno se puede pasar horas esperando.

Luego tenemos el anacrónico paternalismo estatal de obligar al ciudadano a votar convirtiendo un derecho en una carga para quienes simplemente no están interesados. Siendo los pobres los más perjudicados ya que no se pueden dar el lujo de pagar la multa por ausentarse, la cual –oh sorpresa– se convierte en ingreso para los entes electorales como la ONPE y el Jurado.

Por ello, no hay incentivo alguno para establecer el voto voluntario, al contrario, hay un total rechazo burocrático a perder poder y presupuesto si le otorgan libertad al ciudadano. Incluso, utilizan el trillado argumento de una supuesta falta de representatividad si el ausentismo es alto, como si dieran legitimidad los millones de votos en blanco.

Así, una elección representa un fin de semana completamente desperdiciado – hasta ley seca del siglo XIX tenemos, para no influenciar votos con cañazo– lo que genera para todos un enorme costo económico, que es absolutamente innecesario. El sistema tiene que reformarse y ser modernizado.

En todo caso, es alarmante que muchos hayan llegado al extremo de votar por una opción solo para evitar la molestia de otra elección. Al final, la tortura electoral que sufrimos no contribuye al fortalecimiento democrático.