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Juan José Garrido,La opinión del directordirector@peru21.com

¿Qué sabemos sobre el crecimiento económico? Aunque parezca una broma macabra, sabemos más sobre lo que no funciona que sobre aquello que sí funciona. Sabemos, por ejemplo, que las guerras (internas o externas), episodios de alta inflación o hiperinflación (desbarajustes monetarios significativos), ausencia de mercados, entre otros, no sirven para mantener tasas de crecimiento sostenidas en el tiempo.

De igual manera, sabemos que son prerrequisitos fundamentales la estabilidad fiscal (aunque existen países que han logrado tasas de crecimiento incluso con déficits fiscales crónicos, como España y otras naciones europeas) y macroeconómica en general, cierto grado de libertad en los mercados cambiarios, externos e internos, una básica estabilidad política y algunos otros puntos más.

Sobre estos prerrequisitos poco más podemos especular, pero sabemos que aquellas políticas que propician incrementos recurrentes en productividad son las mejores plazas para crecer económicamente. Esto implica tener personas educadas para sostener y acompañar las mejoras tecnológicas, ambientes económicos desregulados que incentiven la destrucción creativa (proceso de innovación en el que los nuevos productos destruyen a las empresas que no se reinventan y mantienen modelos de negocio atrasados), un nivel adecuado de infraestructura que permita a los innovadores y empresarios mover con facilidad sus productos y servicios al extranjero y a los mercados internos, así como un nivel de calidad institucional mínimo que proteja a las personas, sus propiedades, acuerdos, entre otros.

Desde ahí es difícil establecer parámetros específicos para predecir crecimiento. Lo que sí sabemos respecto a la lucha contra la pobreza es que el crecimiento es el principal motor de cambio y responde al 80% de la reducción.

El Perú, entrando a lo que nos importa, ha logrado crecer a una tasa promedio por encima del 5% por casi 25 años sin contar con instituciones ni educación primaria de calidad, ni infraestructura suficiente ni mercados desarrollados. Tal vez por eso, entre otras razones, es que nuestra tasa de crecimiento potencial empieza a languidecer en lugar de mantenerse como en otros países en vías de desarrollo. La buena noticia, excelente en verdad, es que hemos conseguido empatar crecimiento con reducción de pobreza y –mejor aún– con reducción de la desigualdad social. Esto último es tan meritorio que no dudo de que será un caso de estudio a nivel global: la teoría económica sostiene que redistribuir puede atentar contra la tasa de crecimiento y, a través de ello, contra la reducción de pobreza. Perú se las ha arreglado para hacer las dos cosas, y de manera significativa. Desde 1990 (porque no podemos separar el periodo de los últimos 10 años de las reformas implementadas en esa década) hemos reducido la pobreza de cerca del 60% a poco menos de 24%, y la pobreza extrema de niveles cercanos al 30% al 4,7% actual. Esto es, sin dudas, la mejor manera de cerrar el debate local sobre si el modelo funciona o no. Ya está cerrado: funciona y para todos. Que un grupete de insatisfechos no pueda aceptarlo es un tema que competerá a la psicología, no a la economía.

Hoy, con mucho entusiasmo, presentamos nuestra primera entrega de Debate21, un espacio creado para proponer ideas y soluciones a los principales problemas que aquejan a los ciudadanos. El formato es sencillo: proponemos una problemática en forma de pregunta y buscaremos a los especialistas para que nos ayuden a definir las mejores respuestas. En esta primera entrega presentamos "¿Cómo retornar al 7% de crecimiento?", debate en el que participaron los economistas Waldo Mendoza, Hugo Perea, Alfredo Thorne y Carlos Paredes, y que realizamos en los estudios de Canal N (será transmitido esta noche a las 9 pm. en el programa N Paralelo).

Del mismo me quedo con una frase del economista Carlos Paredes: "En esto, el tamaño sí importa". Y es que, como bien han demostrado las cifras presentadas hace pocos días por el INEI, cada punto de PBI adicional significa cerca de 250,000 personas menos en la indigencia.