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A propósito de la celebración de Halloween, quiero comentar sobre el impacto del consumo de azúcar en los niños. Los dulces están compuestos principalmente de azúcar, colorantes y aditivos que, lejos de dar alegría a los menores, pueden acabar dañándolos de diversas formas.

Si bien el azúcar gusta a la mayoría, produce ansiedad tanto en niños como en adultos. Esta ansiedad, a su vez, genera ganas de comer más dulce, por lo que comprobamos que el azúcar es adictiva. Por otro lado, dulces como toffees, manzanas acarameladas y golosinas que se muerden pueden afectar la mandíbula. Los dulces también generan caries, por lo que es aconsejable crear el hábito del cepillado de dientes en los niños. Asimismo, un eventual consumo excesivo de azúcar refinada puede desencadenar reacciones alérgicas.

Quiero hacer una recomendación a los padres de niños pequeños que reciben una gran cantidad de dulces el 31 de octubre: al llegar a casa, ayuden a sus hijos a escoger unos diez dulces de todo lo recibido, acompañando esta acción con el mensaje sobre lo nocivo que es comerlos en exceso. El resto de dulces se pueden regalar. Además, se les puede explicar las horas en que es recomendable consumir esos productos. Por ejemplo, no se deben comer en la mañana ni muy tarde en la noche, ya que podrían causar alteración del sueño. También es bueno enseñar al niño a dosificar y que aprenda a no comer todos los dulces juntos.

Hay opciones saludables para ofrecer a los pequeños que tocan a la puerta, tales como pasas, albaricoques o mini muffins de plátano hechos con miel y frutas deshidratadas. Finalmente, aconsejo elaborar pequeños envases atractivos para los chicos con estos productos caseros, artesanales y libres de aditivos. ¡Celebremos con salud!