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El sistema nervioso se puede ver afectado por diversas causas. Además, una alimentación carente de ciertos nutrientes, deficiencias nutricionales o un estado nutricional precario pueden exacerbar ese escenario.

Para un óptimo desarrollo cerebral y neurológico es indispensable consumir cantidades adecuadas de hierro, vitamina B12, biotina, tiamina, ácidos grasos esenciales omega 3, zinc, yodo, selenio, magnesio, entre otros.

Los primeros años son determinantes para el desarrollo cerebral y es por eso que la alimentación que incluya estos y otros nutrientes juega un rol primordial.

En nuestro país, la anemia por deficiencia de hierro es un problema importante de salud pública. Esta condición afecta la capacidad de atención, la inteligencia y la percepción, debido a que el hierro está presente en gran parte del cerebro. Otro caso es el del estrés académico y laboral, que afecta al sistema nervioso; algunos síntomas son la ansiedad y los ataques de pánico.

Una alimentación que brinde todos los macro y micronutrientes, así como antioxidantes, favorecerá a la persona expuesta al estrés, frente a otra con la misma situación pero con una alimentación deficiente o poco saludable. Esto se determina por el estado nutricional de la persona, el cual se puede medir a través de la hemoglobina y la albúmina, por ejemplo.

Es por todo ello que alimentos como huevo, menestras, pescados, semillas oleaginosas o frutos secos deben estar presentes en la alimentación y en las cantidades adecuadas, teniendo en cuenta la edad, actividad física y ocupación de la persona. Este es un ejemplo más de la importancia de una buena alimentación en la prevención.