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Muchas personas piensan en comida constantemente. Se despiertan pensando qué van a desayunar. Luego, piensan en el almuerzo o hasta sueñan despiertos con su postre favorito.

Estas personas pueden ser muy antojadizas y disfrutan de la comida, pero otras suelen comer muy rápido y no se dan cuenta de lo que están comiendo y tampoco se sacian.

Lo ideal es comer con pausa, apreciar los alimentos y, sobre todo, saber cuánto comemos. Hay que aprender a reconocer si lo que sentimos es hambre o antojo, o si ya estamos satisfechos y no debemos repetir.

Comer es emplear el maravilloso sentido del gusto. En nuestro país, sin duda, estamos acostumbrados a darle buen uso. Uno de los indicadores de buena salud es el apetito, pero es necesario detectar cuándo ese apetito se convierte en ansiedad y, así, evitar excesos negativos. En ese momento hay que pensar: ¿qué nos genera ansiedad?