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La alimentación tiene mucho que ver con procesos cognitivos como la memoria y el rendimiento intelectual. Es por ello que una persona que está sometida a una carga laboral intensa o un estudiante universitario tienen requerimientos especiales que se deben cubrir en la alimentación.

La grasa de tipo omega 3, por ejemplo, participa en el desarrollo cognitivo del bebé, ayuda a mejorar la memoria y otras habilidades mentales, contribuye a la comunicación entre células nerviosas. El omega 3 lo encontramos en pescados como atún, caballa, jurel, salmón, sardinas y semillas como sacha inchi. Por otro lado, el azúcar y la grasa trans podrían afectar negativamente la memoria.

El 14 de octubre, precisamente, empezaré a dictar un taller junto con una experta en estrategias de memoria. Informes: cognicionynutricion@gmail.com.