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Aprender a comer sano no significa dejar de darse ciertos gustos de vez en cuando. No pretendamos la dieta perfecta. De ese modo, podremos incluir ciertos alimentos que nos gustan y que sabemos que tienen muchas calorías o que no son tan saludables.

Si una persona está bien de salud y no tiene ningún indicador fuera de lo normal, es posible incluir algún dulce, una copa de vino o algún alimento alto en grasa de vez en cuando. La clave está en saber cómo y cuándo incluir ese antojo y que no genere culpa al ingerirlo. Es casi imposible pensar que una persona seguirá una alimentación estricta y perfecta sin sentir un antojo en algún momento.

En ocasiones se presentan eventos o invitaciones donde se ofrecen alimentos que nos pueden provocar. Es necesario aprender a escuchar al cuerpo y de esa forma determinar cuándo nos provoca algo de más y cuándo de menos. Así es, algunas veces podemos estar un poco inapetentes, y cuando eso ocurre es bueno revisar si hay algún problema que está por presentarse o, simplemente, no hay mucho apetito.

En mi práctica privada ayudo a los pacientes a encontrar su equilibrio con ciertos gustitos. El caso va a depender si se trata de alguien con sobrepeso o con peso adecuado. Muchas veces uno se sorprende que los antojos que tenían antes desaparecen después. Hagamos un poco de magia.