El primer mes del victoriano Forzay

“Ojalá la gestión de Forzay sea exitosa y los peruanos tengamos un buen ejemplo de que es posible transformar nuestro país de menos a más, de poco a mucho”.

George Forsyth también dijo que emprenderá el reordenamiento en el emporio comercial. (Violeta Ayasta/GEC)

George Forsyth también dijo que emprenderá el reordenamiento en el emporio comercial. (Violeta Ayasta/GEC)

El primer mes del victoriano Forzay. (Violeta Ayasta/GEC)

George Forsyth también dijo que emprenderá el reordenamiento en el emporio comercial. (Violeta Ayasta/GEC)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

Cuando vi el panel publicitario en la Javier Prado con el anuncio del candidato “Forzay”, pensé dos cosas. La primera: un deportista más que cree que su éxito competitivo lo puede trasladar a la gestión pública con igual brillo. Qué desgracia. La segunda: escribir el apellido Forsyth de ese modo muestra una clara voluntad por conectar con la gente de forma sencilla, directa. No está mal. Lo primero venía de un recurrente prejuicio. Lo segundo era una constatación comunicacional.

Estamos acostumbrados a que los alcaldes arranquen de menos a más. Mientras comprenden el tramado de la gestión municipal, suele haber pasado medio periodo de gobierno. Forzay, sin embargo, arrancó con todo, enfrentando el principal obstáculo de un pobre distrito con muchos recursos y escasa institucionalidad (bueno, resulta que tenía experiencia municipal). Durante estas semanas ha confrontado a las mafias callejeras de Gamarra, a los microcomercializadores de drogas y a los podridos funcionarios del Serenazgo victoriano. Lo ha hecho en alianza con el Ejecutivo y el creciente respaldo de una opinión pública sorprendida.

Hay quienes se resisten al entusiasmo popular. Subrayan que tres operativos no son suficientes para descubrir a un buen alcalde. Eso es obvio. Otros sostienen que para vencer a las mafias no bastan las batidas, que el problema es estructural. Eso también es obvio. Acaso el escepticismo del que vienen esas advertencias dé cuenta de algo más profundo: la convicción de que carecemos de liderazgos decisivos y que nuestros males colectivos son invencibles.

Habría que mirar esto desde otro lado. El respaldo que viene despertando Forzay es la respuesta a una voluntad política que la ciudadanía reclama hace mucho tiempo. Una voluntad, además, valiente y frontal contra la corrupción y el patrimonialismo. Acaso nuestros políticos deberían tomar nota de esta lección. En un país como el nuestro, donde nadie cree en nadie, generar desde el inicio un crédito político semejante no es poco. Puede servir para vencer las inmensas resistencias que despiertan las extraordinarias medidas de gobernabilidad, así como las grandes reformas a favor de la ciudadanía. Ojalá la gestión de Forzay sea exitosa y los peruanos tengamos un buen ejemplo de que es posible transformar nuestro país de menos a más, de poco a mucho.

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