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Ni uno más

“Ojalá que #NiUnaMenos suene hoy bien fuerte en todo el país para que las denuncias no se detengan y nuestra energía se dirija a sensibilizar a todas esas personas que, acaso sin ser conscientes, patean en el piso a la víctima en vez de abrazarla”.

ni una menos

Ni uno más. (Renzo Salazar/Perú21)

Ni uno más. (Renzo Salazar/Perú21)

Ni uno más. (Renzo Salazar/Perú21)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

Cuando alguien dice que la culpa es de la víctima, se entiende por qué suceden las violaciones entre nosotros. Porque no entendemos cuál es el problema ni quién es el responsable. Cuando se dice que ella tuvo la culpa porque provocó al agresor, ya sea porque usaba tal vestido, o estaba ebria, o se había metido a un lugar indebido, se está afirmando que la violación se justifica de algún modo. La presa no debe ponerse delante del depredador, pues. Lo dicen personas normales, no solo machistas soberbios, gente que está sinceramente convencida de que los hombres son animales que, en determinadas circunstancias, pueden ser tomados por su instinto y no hay represión cultural, ni legal, ni de ningún tipo, que evite el desborde de su naturaleza violenta y abusiva. Lo dicen damas y caballeros, religiosos y ateos, pobres y ricos, no importa de qué grupo social vengan ni qué grado de instrucción tengan: dan por hecho que todo varón es, en potencia, un violador adormecido.

Cuando pienso en todos de esos comentarios que opacan la responsabilidad del agresor para poner toda su pasión contra la perjudicada, solo veo una reacción irreflexiva que hace más miserable la situación en la que se encuentra dicha víctima. Que eso le pasa por jugadora, que para qué se mete con esa gente, que por qué no denunció a tiempo, que no debió seguir tratando con ese sujeto, que la vergüenza no debería paralizarla, en fin, tantas sentencias que hablan más de quien las profiere que de la situación de una persona a quien nadie debió agredir de ninguna forma.

Lo cierto es que el criminal no es una bestia sino un ciudadano con DNI en una sociedad donde los derechos humanos están vigentes. No existe ninguna justificación para “comprender” el motivo de su delito. ¿O nos están diciendo que si me encuentro a una mujer desconocida dormida en la sala de mi casa –una amiga de mi hija, una pariente de mi esposa, una colega de mi hermana–, tengo permiso para abusar de ella porque ella se expuso, porque yo a veces no me puedo controlar pues!

La marcha de hoy es una manifestación contra ese sentido común que considera al varón un violador en potencia y a su víctima, la responsable de despertar sus bajos instintos. Ojalá que #NiUnaMenos suene hoy bien fuerte en todo el país para que las denuncias no se detengan y nuestra energía se dirija a sensibilizar a todas esas personas que, acaso sin ser conscientes, patean en el piso a la víctima en vez de abrazarla, protegerla y defenderla, como se defiende a todo ser humano que ha sido mellado en su sagrada integridad.

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