La inédita tradición del arte salvaje. (Anthony Niño de Guzmán)
La inédita tradición del arte salvaje. (Anthony Niño de Guzmán)

El incansable Herbert Rodríguez presenta una retrospectiva del arte crítico visual que abarca las últimas cuatro décadas. La exposición comienza con Contacta y Huayco. El primero, por su vocación de arte total; el segundo, porque lleva a las plásticas fuera de la galería y dialoga con los íconos populares de entonces. Era el llamado de la época. Poco antes, Hora Zero realizaba similares profanaciones literarias mientras que la generación de Yuyachkani ejercía su propia desacralización teatral.

En adelante, estresados por la inacabable crisis nacional y la necesidad de encontrar imágenes, sonidos y movimientos que dieran cuenta de esa frustrante experiencia colectiva, comienzan a suceder cosas insospechadas en nuestra provincia cultural.

Un ejemplo innegable: la movida subte en los ochenta integró músicos, poetas, arquitectos, artistas plásticos, entre otras bestias, para dar cuenta de un hartazgo primario: escupir contra un sistema mediocre, excluyente y sin promesa alguna. El salvajismo marcando un nuevo derrotero.

Así, en los noventa, hacer arte en el espacio público dejará de ser una excepción y los artistas y productores con inclinación crítica estaremos por fin integrados a la movilización civil e, inclusive, a un mercado alternativo todavía incipiente. Piénsese, por ejemplo, en las pioneras movidas de rock y arte total provocadas por Mataperro (Qué tal Raza, Niño Malo, etc.), hasta las intervenciones de Laperrera y el Colectivo Sociedad Civil que estallarán en los noticieros y, luego, en las plazas públicas de todo el país. Si en los setenta muchos artistas progresistas colaboraron con la dictadura militar, a finales de los noventa colaboramos decididamente con la caída del autócrata de turno.

En las últimas dos décadas la acción artística estará marcada por la dispersión. No es casual, el nuestro es un país social y políticamente fragmentado. Con el derrumbe de las izquierdas burocráticas, el arte crítico canalizará su energía en, digamos, asuntos puntuales: la ecología, el género, los derechos humanos, los pueblos indígenas, etc. Muchos ejemplos. Arte combustible. Arte amplificador.

De esta forma, el ambicioso enfoque de esta exposición retrospectiva evidencia que existía una inédita tradición artística visual en la que, ciertamente, Rodríguez no solo ha sido uno de sus principales animadores sino, ahora también, su apasionado narrador. Gran avance.

¿Inteligencia salvaje? Galería del ICPNA-Miraflores. Hasta el 3 de noviembre.

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