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¿Cómo hacemos todo esto?

“Un presidente que se hace el viejito olvidadizo y a los días se revela como el diablo bien viejo (...) Un indultado más sano que cientos de otros presos que no ha pagado sus deudas con el Estado...”.

PPK

¿Cómo hacemos todo esto? (NadiaQuinteros/Perú21)

¿Cómo hacemos todo esto? (NadiaQuinteros/Perú21)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

Un indulto humanitario que es entendido por la opinión pública –y no solo por los antis– como un indulto político. Un presidente que le dijo a unos, de ninguna manera va, y a los otros, va sin problema. Un par de ministros que tramitaron a escondidas el indulto sin reportar sus actividades a su jefa, quien a su vez asegura que no pasa nada. Una premier que descubrió que la habían paseado y luego hace como si nada. Un gabinete que le aconsejó al presidente renunciar para evitar la vacancia, haciendo explícito que lo veían como un cadáver político. Una periodista que aseguró que no habría indulto porque el mandatario se lo había prometido y que cae por segunda o tercera vez en el error de garantizar a un político en vez de investigarlos.

Unos partidos que evidenciaron otra vez su improvisación u oportunismo votando disparejo cuando habían asegurado que actuarían en bloque. Unos congresistas muy experimentados que se mandaron a la mierda después de la votación. Un congresista vecino que los filmó y subió el exabrupto a las redes sin roche. Otros tantos congresistas que dieron vergüenza mientras vociferaban en el hemiciclo y pronunciaban muy mal los nombres de las empresas relacionadas a PPK. Una clase política anémica, subdesarrollada.

Una oposición mayoritaria dedicada a demoler al débil gobierno de turno y que reduce su agenda al indulto de su patriarca sentenciado por corrupción y derechos humanos. Una oposición minoritaria que se hace autogoles injustificables votando a favor, en contra o absteniéndose. Un abogado defensor que también sería burlado por el presidente y que no logró clarificar con contundencia por qué no procedía la vacancia. Un auditorio de redes sociales que celebraba la retórica política ochentera del abogado que sería burlado como si fuera una virtud perdida olvidando que aquel congreso también fue un gran desastre. Un presidente que se hace el viejito olvidadizo y a los días se revela como el diablo bien viejo que siempre ha sido. Un indultado más sano que cientos de otros presos que no ha pagado sus deudas con el Estado y se va a una casa de cinco mil dólares mensuales, al tiempo que es voceado como asesor de la bancada de los ‘Avengers’ naranjas.

Una calle donde reina la indiferencia y el ensimismamiento. Una ciudadanía que mira a los políticos con la distancia que se merece la guerra entre traficantes de terrenos o mafias de narcotraficantes. Un país que se va acomodando a las sucesivas desgracias que suceden en la torre de mando mientras el barco pierde velocidad y el agua comienza a filtrarse por donde menos lo esperamos.

¿Cómo evitamos vernos como un país de mierda?

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