El más cosmopolita del Perú

En el malecón conviven en armonía familias de diversa condición social. Se celebran fiestas familiares con la misma tranquilidad que se festeja el Año Nuevo o el Día del Amor. Es un oasis urbano.

Vuele en parapente en el malecón de Miraflores en esta Semana Santa.

¿Sin planes para este feriado largo? Pasear por el malecón de Miraflores es una muy buena opción. (El Comercio)

Sandro Venturo
Sandro Venturo

En el borde superior del acantilado de la Costa Verde, desde donde se puede disfrutar la bahía de Lima y sus hermosos atardeceres de verano, se encuentra el malecón de Miraflores. Está compuesto por tres malecones: Marina, Cisneros y Reserva. A lo largo de casi cinco kilómetros se ofrecen sencillos parques, campos deportivos diversos, juegos infantiles, mini gimnasios y hasta parques para mascotas, además de esculturas diversas y una larga, aunque estrecha, ciclovía.

Destacan el imprescindible Museo de la Memoria, el complejo deportivo Manuel Bonilla, el puerto de parapentes, el coqueto Parque del Amor y un centro comercial que funciona, también, como un amplio balcón turístico que mira al Pacífico.

El malecón, tal como lo conocemos hoy, es relativamente nuevo. Hasta inicios de los 90 era predominantemente un terral, con tugurios y basurales, tomado en las noches por fumones y gente de mal vivir. Los Andrade comenzaron a recuperar este espacio para una ciudad que no le provocaba mirar hacia el mar. Pocos imaginaron este amable futuro. Ninguna recomendación turística deja de mencionarlo. Y hace un par de años, el diario español El País lo calificó como el cuarto malecón más bonito de América, después de los malecones de La Habana, Mazatlán y Vallarta. Nada menos.

Pero lo más importante es que se trata de un espacio abierto a todos. Esto no es poco si se reconoce que Lima es una metrópoli fragmentada, excluyente y violenta. En el malecón conviven en armonía familias de diversa condición social. Se celebran fiestas familiares con la misma tranquilidad que se festeja el Año Nuevo o el Día del Amor. Es un oasis urbano. Pero también debería ser considerado un ejemplo de lo que se puede hacer con los espacios públicos en el país.

Su fórmula no es un secreto. Se trata de un espacio abierto que ofrece una infraestructura básica para que cada quien encuentre la actividad que le apetece. Con los años se han ido agregando cientos de actividades antes insospechadas para personas de todas las edades. Solo había que confiar en la gente y en su creatividad. Es un espacio seguro porque la gente lo usa, no al revés. Es una zona que la gente cuida porque la gente la valora. Nada inalcanzable. Funciona.

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