A Confiep: Ver para creer. (Foto: El Comercio)
A Confiep: Ver para creer. (Foto: El Comercio)

Hace meses escribí acerca del gran desafío de reputación que tiene el sector empresarial. La respuesta del presidente de la Confiep de entonces vino con un artículo a este mismo diario. No reconoció el desprestigio de su gremio y agremiados, a pesar de los estudios existentes y las recurrentes reacciones en la prensa y las redes sociales. Subrayó que hacían cosas como firmar convenios anticorrupción. Nada contundente aunque muy ofendido.

Mientras tanto, los destapes vinculados a Odebrecht continuaron y, esta semana, surgieron nuevas evidencias de malas prácticas corporativas entre quienes lideran las encuestas de poder. Las declaraciones de la cabeza de Credicorp llovieron sobre mojado. Refuerzan la percepción de que los empresarios son poco transparentes y actúan por intereses que no conjugan con los del país.

La respuesta desde esta CADE ha sido distinta. Elena Conterno, presidenta de IPAE, fue rotunda. Lo mismo María Isabel León, la actual presidenta de la Confiep. No eludieron nada. Afirmaron que impulsarán cambios en el sector “caiga quien caiga”, que empujarán la transición generacional, que enfrentarán la brecha entre los dichos y los hechos en un mundo donde la responsabilidad social parece funcionar, en el mejor de los casos, en los estamentos profesionales, no necesariamente a nivel de los CEO y sus directorios.

Pero el mercantilismo y la corrupción traen beneficios. Y son parte de ciertas costumbres empresariales. Así que la tarea no será sencilla. Aquí dos sugerencias. 1) Hay que escuchar cuáles son las inquietudes de la gente. Si no respondemos con acciones a las interrogantes de la ciudadanía, no habrá mensaje legal, corporativo o social que cale realmente. 2) Hay que reconocer que la vocería empresarial no tiene crédito. Reconózcase la reacción celebratoria de una parte de la opinión pública ante el allanamiento fiscal de ayer. El desprestigio es profundo. Y la única manera de revertirlo es comunicando decisiones y resultados. En crisis como esta, la confianza se gana, no se convoca.

El país necesita de inversionistas comprometidos con sus conciudadanos. Todos los sectores debemos reconstruir una institucionalidad que ponga por delante a las personas, no al capital ni a cualquier tipo de corporación, sea empresarial, política o doctrinaria. Para vencer los vicios y las alienaciones del poder, las personas primero. Siempre.

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