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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Cada año más estadounidenses mueren por armas que usan contra sí mismos que como víctimas de homicidios. En este campo, lo preocupante para las autoridades es comprobar la efectividad de las pistolas sobre otros métodos. El 85% de intentos de suicidio con armas de fuego acaba en muerte, mientras que solo un 2% es exitoso cuando se usan pastillas.

Según un estudio, la mayoría de los suicidas invierten poco tiempo en planearlo. "Todo suele ser fruto de un impulso, y si el método elegido es un arma, hay pocas posibilidades de que el suicida pueda arrepentirse de su decisión". Es decir, el fácil acceso a un arma de fuego trunca vidas que, superada la situación de depresión, podrían completarse felizmente. Las causas son, vistas desde afuera, banales: peleas de pareja, rupturas amorosas, fracaso en los estudios, etc. En suma, en la mayoría de los casos, nada que el tiempo no pueda cicatrizar, sobre todo sabiendo que "los pensamientos suicidas no suelen durar mucho. Aparecen y, luego, puede que no regresen. Solo una minoría de personas se mantiene en estado suicida durante un largo periodo de tiempo".

En un estudio de 2005 –realizado con un grupo de sobrevivientes de un intento de suicidio–, una cuarta parte de los entrevistados manifestó haber planeado el acto suicida durante menos de cinco minutos. Otros estudios revelan que un 90 por ciento de suicidas que fracasaron nunca muere por esta causa. Solo un 10 por ciento cumplirá su propósito.