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Fritz Du Bois,La opinión del directorEl sueño de la casa propia es una realidad para muchos gracias al boom inmobiliario. El año pasado, 25 mil viviendas fueron colocadas en Lima. Sin embargo, ese número solo cubrió la décima parte de lo demandado. Por lo que deberíamos tener impulso para que siga el boom un buen rato. Por otro lado, este mercado –aún insatisfecho– y la disponibilidad de mecanismos adecuados de financiamiento han propiciado que el precio de las propiedades se haya elevado luego de años de haber estado estancado. Lo cual es una gran noticia para los que ya son propietarios, aunque no lo es tanto para los que aún no han comprado y deben estar preocupados porque el sueño se les está alejando.

Por ello, es importante que los precios no sean inflados a causa de las limitaciones u obstáculos. Por ejemplo, es absurdo que, en 16 distritos de Lima, tanto la incapacidad de Sedapal para proveer un servicio adecuado, como las trabas que las municipalidades están creando, terminen encareciendo en 20% el costo de construir una casa o un departamento.

En realidad, es kafkiano que la burocracia se consuma la quinta parte de una casa. Graficando el impacto de esos sobrecostos burocráticos, es por lo menos un dormitorio por vivienda lo que a los limeños les están confiscando. Todo a fin de justificar la existencia de innecesarios funcionarios, así como por la ineficiencia de las empresas del Estado.

Adicionalmente, el Gobierno Central también está contribuyendo a aumentar los precios de las viviendas al mantener reservadas para entidades estatales amplias extensiones de terrenos eriazos muy cerca del casco urbano, con lo que de esta manera se lleva a que los costos de los terrenos que quedan sean innecesariamente altos.

En todo caso, haría bien el Gobierno en identificar cuellos de botella como los mencionados a fin de eliminarlos y evitar así que el sueño de la casa propia sea cada día más caro.